Es muy difícil establecer lo que pensaba una mente tan inquieta y tan despierta como la del filósofo americano a quien la "Ideología Venezolana" impuesta por la historiografía impuesta por la Oligarquía Conservadora establecida en Venezuela a partir de la destrucción del proyecto político de Simón Bolívar en 1830... ver máslunes, 5 de octubre de 2015
¿Qué entendía Simón Rodríguez por Filosofía? Eloy Reverón
Es muy difícil establecer lo que pensaba una mente tan inquieta y tan despierta como la del filósofo americano a quien la "Ideología Venezolana" impuesta por la historiografía impuesta por la Oligarquía Conservadora establecida en Venezuela a partir de la destrucción del proyecto político de Simón Bolívar en 1830... ver másdomingo, 4 de octubre de 2015
Contrucción de un concepto de Historia Eloy Reverón
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| Angelus Novus Fuente:https://es.wikipedia.org |
Sirva el presente
texto como primera piedra bruta para labrar el primer cubo para la edificación
de este primer concepto fundamental para el semillero de ideas que pretendemos
cultivar… ver más
miércoles, 22 de julio de 2015
Los Mapas de Venezuela Eloy Reverón
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| Cartografía Antigua de Guayana Edelca, 2000-p 373 |
El territorio de la República Bolivariana de Venezuela es y será siempre el establecido durante la creación de la Capitanía General de Venezuela por Real Cédula firmada y por el rey Carlos III en 1777. El principio jurídico del Utis Posidetis. Este ha sido el criterio para establecer los límites con Colombia y ha sido la posición oficial e histórica de Venezuela en su reclamación territorial con la Guayana Inglesa y luego con Guyana.
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| Dibujo: Daniel de Barandiaran La Guayana Esquiba, su tierra y su gente |
En el mismo instante que España reconoció a Venezuela como república independiente, los secuaces de la Reina Victoria comenzaron a cruzar hacia esta ribera del Esequibo Vibrador. No era lo mismo invadir el territorio que por derecho le corresponde a una potencia europea, que a una republiquita dividida por las mezquindades de su clase dirigente. Allí surge la lección histórica de lo que habían advertido Francisco de Miranda y Simón Bolívar. La razón de ser de la Gran Colombia: la integración.
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| Cartografía Antigua de Guayana Edelca, 2000-p 282 |
El plan para la invasión de nuestro territorio tiene una data más antigua de la que siempre han pensado quienes suelen improvisar sobre este tema tan delicado. No es el caso de insignes historiadores como Enrique Bernardo Núñez, el doctor Herman González Oropeza y Pablo Ojer, sin menos precio por otros autores, pero es que fueron ellos, quienes asumieron estos temas de historia territorial como una pasión de vida, como compromiso ético para las generaciones venideras. Mi reconocimiento y veneración a la hora de transmitir sus herencias.
sábado, 27 de junio de 2015
Eloy Reverón: Negro Primero y el Primero de los Negros
A
partir de este momento de 2015 celebramos el 24 de junio como día del Ejército
popular. Ese es el símbolo que alude el ingreso de un cofre vacío que reconoce
la presencia del Negro Primero al Panteón Nacional. No se trata de unos restos
mortales, sino de un símbolo que reconoce a la negritud como una parte
importante de toda la gama de colores que tratan de definir nuestra
venezolanidad.
Es
el reconocimiento de ese espacio para el héroe popular anónimo que había sido
siempre excluido de una memoria histórica donde es precisamente ese pobre en
sus chozas quien está detrás del héroe, y sin el cual el héroe no existiera. Y
es por eso que el Gobierno no encontraba mejor manera de hacerle este justo
reconocimiento en aras de la igualdad.
Por
eso digo que del Negro Primero al Primero de los Negros como José Leonardo
Chirino y al mismo presidente Petion, a quien la historia del colonizador lo
percibe como alguien de otra historia porque lo conquistaron los franceses y no
los españoles. Es precisamente en este tipo de detalles donde se aprecia el
discurso de la historia para la dominación.
Al
margen de intereses mezquinos, se trata del reconocimiento histórico de un
pueblo que se lanzó a un estallido social en una búsqueda instintiva por
defender no solo su Libertad, sino por alcanzar su igualdad y en contra del
sistema colonialista esclavista español, que heredó la Oligarquía Conservadora
al reinstalar su hegemonía en 1830, esclavitud que vino a ser abolida, sólo
cuando resultó ser más barato alquilar a los esclavos que comprarlos. Pero sin
ir muy lejos también es aquel cuyo nombre jamás estuvo registrado en partida ni
en acta de nacimiento alguna, porque nunca bajó del cerro hasta aquel febrero
cuando las balas del FMI lo callaron para siempre.
Aunque
antes que la esclavitud, los soldados de Su Majestad habían llevado a la
práctica un modo de producción que no aparece ni si quiera en los manuales del
materialismo histórico. Me refiero a la explotación de la mano de obra
desechable. Algo tan abominable como tomar a un ser humano como si fuera una
fruta de un árbol y obligarlo a sacar perlas del fondo del mar hasta que se
muera. Me limito a mencionarlo porque es materia de la teoría bolivariana de la
historia, la cual merece un espacio aparte. Por ahora nos interesa dejar
sentado que es un espacio simbólico que representa a toda la negritud excluida
del culto que la patria le rinde a sus antepasados gloriosos.
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| La historiografía para la Dominación separa espacialmente la Historia. No considera a Petion como a uno de los nuestros |
Para
que los godos de siempre entiendan algo que contradice los enunciados de su
cultura de dominación, es difícil hacerlos comprender, sobre todo, a los
diputados godos que no quisieron asistir al homenaje, que según los últimos
adelantos de la ciencia antropológica, todos somos descendientes del continente
africano, o como bien acuñaron los amos de estos godos locales, somos
afrodescendientes.
Esa
godarria tampoco puede entender por qué tres cientos años dominio cultural no
podían ser borrados mediante la firma del Acta de la Independencia, y una
década de guerra civil no había sido suficiente para alcanzar los objetivos
últimos de los más humildes, de los herederos de la sangre que había forjado
las bases económicas de lo que sería el capitalismo mundial. Esto mucho menos
porque la historia de los godos tampoco lo ha explicado. Hagamos un esfuerzo.
Provisionalmente
nos interesa dejar sentada la idea de que el 24 de junio es un día relativo a
varias celebraciones de gran importancia para la historia de la Humanidad.
Desde gran revolución agraria, los pueblos de nuestra América celebran el
solsticio de verano durante la sexta luna del año. Cito a manera de ejemplo la
fiesta del INTI RAIMI como fecha de la apertura a la gran cosecha del Maíz
celebrada por los incas como herencia de otras culturas más antiguas que ellos.
La
herencia pagana del cristianismo la sincretiza como fiesta de San Juan, quién
fue reconocido por los masones, tanto católicos como protestantes como su santo
patrono en su día internacional.
Históricamente
se ha especulado la versión de que la celebración de una batalla decisiva fue
resultado del acuerdo firmado y sellado con un abrazo en la ciudad de Santa Ana
de Trujillo por los generales Pablo Morillo en nombre de su rey, y por Simón
Bolívar en nombre de la Gran Colombia. Pero esto es una versión historiográfica
construida a partir de la desintegración del proyecto político del Libertador
en el año de 1830.
| Monumento que alude símbolos masónicos en Santa Ana, lugar del encuentro Fotografía: Eloy Reverón |
Mientras la América toda existió en una sola nación
como un solo Estado emancipado la batalla de Ayacucho fue la fecha de la gran
batalla mediante la cual los ejércitos patriotas unidos echaron al Ejército de
los Borbones. De manera que también existe una Orden de los Libertadores como
creación de la república que surge de la división de la Gran Colombia, mientras
cada republiquita separaba su espacio geográfico y su tiempo histórico al
servicio de los nuevos colonizadores que se adueñarían de ellas a través de una
nueva forma de conquista: la deuda externa negociada por separado para mejor
beneficio del acreedor.
Si
no caemos en la trampa de la historia para la dominación, la cual divide
espacial y temporalmente la historia para dividir de igual manera nuestra
consciencia histórica y de esta manera evitar el ejercicio de la praxis
revolucionaria, la cual está directamente ligada al juramento que solicitó el
presidente Chávez a más de 40 mil milicianos en la avenida Bolívar en el año
2010. Un juramento abalado por sus padres, vale decir, por el espíritu de
nuestros ante pasados como diría la indianidad.
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| Mano de obra desehcable |
Todo
esto lo digo como una persona que ha dedicado su vida a estudiar la historia
como camino de búsqueda espiritual en las raíces ancestrales y en el hallazgo
de esa identidad con mi comunidad histórica donde encuentro a la historia como
instrumento de cambio social, como camino hacia la libertad y la igualdad hacia
la cual nos conducen los cinco caminos históricos desde donde viene el Plan de
la Patria, en la búsqueda de la vida plena como la entendían los griegos y los
incas, o la mayor suma de felicidad posible como la explicó El Libertador. Pero
sobre todo, para encontrar la ruta íntima de la ética como compromiso ancestral
a favor de nuestra descendencia.
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| ´Fotografía de Heberto León |
Entonces dejamos claro que en el Panteón no
está solo Negro Primero representado en ese cofre, sino que él representa
también al Primero de los Negros, como dije, a José Leonardo Chirino y la
fuerza histórica que recibió desde la Quisqueya, primera república fundada en
1804, base de operaciones utilizada tanto por Miranda en el inicio de la guerra
por la independencia de nuestra América, tal como lo expresó en su manifiesto
de Coro. Pero también la negritud del Haití de Petión como protector de
Bolívar, Mariño, Sucre, Piar y todos los patriotas que encontraron apoyo en la
República independiente de América donde se había abolido para siempre la
esclavitud.
Pero todavía existe una esclavitud sutil, como la llamaba Alí Primera. Su látigo no marca la espalda pero deja una cicatriz más profunda en la conciencia. Es la hipnosis colectiva promovida desde las pantallas luminosas del cine, la tv y los avisos luminosos de la ciudad. Inducen a los mediante la proyección de imágenes agradables de jóvenes sensuales gozando de buena salud, jugando bajo el sol y la playa, mientras subliminalmente le ordenan a consumir veneno. Adictos mueren millones de seres prematuramente, y todavía hablan de Libertad.
sábado, 30 de mayo de 2015
Poder Obedencial X Eloy Reverón
Cuando el flujo de información
no fluye de manera bidireccional entre
la persona que ejerce el liderazgo y la comunidad que lo propone sucede lo que
habitualmente acontece con la política. El
poder político se fetichiza.
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| Foto Diario Ciudada Caracas 2015 |
Fue la poeta Gloria Martín
quien lo expresó con mayor claridad: “Un candidato es un señor que ofrece
siempre lo mejor y está a punto de sufrir, total amnesia, cuando mañana si es
que gana hará lo que le venga en gana dejando atrás mil infelices con cuatro
palmos de narices… , lo político como tal se corrompe como totalidad porque su
función esencial quedó destruida en su fuente de origen.
La denuncia que hizo popular
al comandante Hugo Chávez, fue sin duda, su denuncia del poder fechitizado por los cogollos de los
partidos políticos. Las cúpulas corruptas, como solía repetir durante sus
campañas iniciales. Pero más allá de las cúpulas podridas está la complicidad
política de un pueblo que se lo permitió, una comunidad política entera que lo
consintió tornándose servil en lugar de ser autora de la construcción de su
destino en el campo de lo político.
Democracia participativa, la
restitución del poder de las bases, lo que una de las lecturas importantes del
Comandante: Política de la Liberación Vol II (La arquitectónica) de Enrique
Dussel, autor reconocido por el presidente Hugo Chávez con el Premio Libertador
al Pensamiento crítico.
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| Eloy Reverón en la Plaza Candelaria 16 de mayo de 2015 |
El poder obedencial está
profundamente arraigado a la memoria colectiva de las comunidades indígenas de
nuestra América, entre las cuales Dussel destaca las comunidades aimará Quehua
del altiplano andino. Nosotros contamos con una referencia más cercana en la
Sierra de Perijá. La figura política del Ñ´atubay, una forma de liderazgo autóctona
poco divulgada en la historia de Venezuela.
Resulta que estas comunidades
barí hacían vida comunal en las inmediaciones del Gran Coquibacoa, de donde
fueron desplazados por la gente de Alonso de Ojeda y las sucesivas olas de
invasores, quienes los habían arrinconado en la zona de Casigua, entre el lago
de Maracaibo y la sierra de Perijá, en las inmediaciones del río Tárraga, de
donde fueron nuevamente desplazados a mediados del siglo XX, cuando se
instalaron las compañías petroleras con sus campos petroleros y sus cercas
eléctricas en la zona de Gacigua del Cubo. Hoy sobreviven a la Globalización
gracias a su institución política, a la cual la teoría filosófica de la
liberación reconoce o identifica como poder obedencial.
Esta factibilidad del poder
político va más allá de la unión de las voluntades de los miembros de la
comunidad unida consensualmente. Esto no es suficiente para describir esa forma
de poder político. Hace falta situarse en los diversos campos donde se ejerce
la política, el espacio de la cooperación, de coincidencias y de conflictos.
Conocer los límites de cada campo, y sobre todo, los puentes que los
intercomunican.
Este sistema de participación creciente
propuesto por el líder consensual por excelencia, Hugo Chávez Frías está en riesgo
de extinción. El sistema de participación creciente propuesto por la revolución
Bolivariana en Venezuela, a pesar de sus respectivos ecos en la revolución de
Evo Morales en Bolivia, o la Revolución ciudadana de Jorge Correa en Ecuador, existe
esa debilidad.
La América toda viene
despertando, los líderes surgen y decaen cuando no interpretan o no actúan
conforme a la realidad. Es responsabilidad de los pueblos no permitir que sus
líderes se fetichicen en el poder.
Cuando se propaga la idea de
que el pueblo elige las candidatas y los candidatos de la Patria,
no debem
os
olvidar, que si eso es realmente cierto. Entonces, lo más importante es poder
establecer un flujo de comunicación bidireccional entre el Soberano Pueblo y el
líder propuesto por cada comunidad.
Una
propuesta concreta es darle más energía al poder popular con la idea bolivariana de unión e integración
de las 16 UBCH del Circuito N 3 en el cual están dispuestos los primeros campos
donde habremos de organizar, al menos una patrulla de siete compatriotas
comprometidos con el flujo de información que mana del corazón de cada
comunidad. Para eso debemos internalizar el último aliento del Libertador “que
se consolide la unión”, a Chávez le correspondió sembrarla y abonar esa idea boloivariana,
ahora le toca al pueblo que le impuso ese compromiso histórico, su sensibilidad
se puso de manifiesto cuando lo supo interpretar. Hagamos genuina esa unidad
legado por Chávez, no perdamos de vista el sentido histórico de los cinco
grandes objetivos del Plan de la Patria.
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| Durante una entrevista para Todos Adentro Caracas, 2005 |
lunes, 27 de abril de 2015
Documentos Mirandianos relativos a la Integración de nuestra América. Eloy Reveron
El documento conocido como Acta de
París de 22 de diciembre de 1797, el cual traemos como motivo de lectura está centrado en el
proceso de conformación de una América Unida, posibles antecedentes históricos
de la Integración de nuestra América, término que Francisco de Miranda utilizó
en otros documentos que presentamos en esta serie.
Francisco de Miranda siempre apreció
a la América Hispana unida como una sola nación. Sabemos que esta apreciación
fue consecuencia de un viaje que realizó por los Estados Unidos, en su
condición de oficial español, prócer de la independencia de los Estados Unidos.
Destacado por su formación académica de alto nivel, sus apreciaciones sobre la
historia militar y la estrategia en las principales batallas de la guerra de
Independencia de los Estados Unidos, le forjaron un prestigio público que
trascendió a la prensa y a los informes diplomáticos.
En un momento pensamos que observar
la prospectiva económica, naval y militar que desarrollaba aquel conjunto de ex
colonias británicas integradas en aquella nación de la costa atlántica que
emergía con fuerza hacia el futuro, sumada a la realidad de su situación
personal, le hicieron abrazar la idea de emprender un proyecto que se fue
convirtiendo en el sentido de su vida, encontrar el apoyo necesario para
realizar la independencia de nuestra América. En las mismas notas donde
habíamos hecho la observación de que la mente estratégica de Miranda pudo haber
concebido a la América española unida como fuerza de balance frente a los
Estados Unidos, encontramos datos poblacionales donde apreciábamos que la cifra
poblacional de nuestra América sobrepasaba a la de los Estados Unidos en diez
millones de habitantes, a pesar de haber recibido una estocada en el área
educativa con la expulsión de los Jesuitas por temor de que emanciparan a las
colonias, la primera universidad de la América española fue establecida en
1535. Una América culta libera su mente, mente liberada rompe cadenas de
esclavitud.
El documento que presentamos en
primer lugar, fue comentado por muchos autores antes de ser hallado en la
Revista de Edimburgo, el cual se prestó para un sinfín de especulaciones para
teorías conspirativas, pero que al salir a la luz pública, los catorce tomos
que constituyen el archivo personal de Francisco de Miranda, hoy patrimonio
documental de la Humanidad, comenzaron a disiparse toda la fantasía
chismográfica elaborada en torno a su personalidad.
Una de las primeras obras elaboradas
con cierto método que se divulgaron sobre Francisco de Miranda fue la de don Ricardo Becerra: Ensayo histórico documentado de la vida de
Don Francisco de Miranda, general de los ejércitos de la primera República
francesa y generalísimo de los de Venezuela; y la imprimió en Caracas,
imprenta Colón, Sur 4, número 26,—el año de 1896.
Entonces se escribía centrando la atención sobre
los personajes en la historia, no apreciada como sucesión de procesos.
Esforzados en comentar la forma como caminaba, o como ceñía la frente cuando
hablaba. Este trabajo también adolece de caer en la trampa de repetir opiniones
de seres envidiosos que siempre trataron de minimizar la estatura intelectual,
política, diplomática, cultural y social de Miranda, haciéndose eco de
descalificativos superfluos elaborados por esa clase social que nunca le
perdonó su acenso al mundo y a la historia internacional.
D. Bartolomé Mitre, historiador argentino dedica a
Miranda algunas páginas de su narración en su libro sobre San Martín. También
en la tónica del culto al héroe y colocando la pueril competencia entre cuál de
los héroes nacionales era más héroe, así como si fueran arqueros de alguna
selección de futbol.
A esta lista de los escritores americanos que se
han ocupado de Miranda, debemos agregar el nombre de Restrepo, primer
historiador de la Revolución de Colombia, y el de D. José Félix Blanco, quien
recogió algunos documentos pertinentes a la vida del Precursor, y expresó sobre
él su juicio, recogido también por Becerra.
Finalmente, en la decada de los treinta del siglo XX, fue gracias
a la crítica de Monseñor Eugenio Navarro, de la Academia Nacional de la Historia de
Caracas, quien ajustó la crítica historiográfica en torno a las fantasías en
torno a la naturaleza de este documento, del cual nos interesa su carácter de
documento público donde se establece la independencia de las colonias españolas
en América, como un proyecto continental.
Acta de París, 22 de diciembre de 1797
Nosotros, Don José del Pozo y Sucre y Don
Manuel José de Salas, delegados de la Junta de Diputados de los pueblos y
Provincias de la América meridional, reunida en la ciudad de Madrid, España, el
8 de octubre de 1797, para convenir en los medios más conducentes a realizar la
independencia de las Colonias Hispano-Americanas:
Habiéndosenos ordenado trasladarnos a
Francia para reunimos con nuestros compatriotas, Don Francisco de Miranda,
antiguo General del ejército y nuestro agente principal, y Don Pablo de
Olavide, que fue Intendente de Sevilla, ambos Delegados igualmente de dicha Junta,
no sólo para deliberar conjuntamente sobre el estado de las negociaciones
seguidas con Inglaterra en diferentes épocas, para nuestra independencia
absoluta, especialmente las iniciadas en Londres en 1790 con el Ministro
inglés, en virtud de las conferencias de Hollwood, las cuales han sido
aprobadas por las Provincias que han tenido conocimiento de ellas, sino también
para terminar dichas negociaciones abriendo el camino para una estipulación
solemne que dé por resultado la independencia, según lo demanda el interés y la
voluntad de los pueblos que habitan el continente de la América del Sur y están
oprimidos por el yugo español; Nosotros los infrascritos Don José del Pozo y
Sucre, Don Manuel José de Salas y Don Francisco de Miranda, reunidos en París
el 2 de diciembre de 1797, después de haber verificado nuestros poderes
respectivos, hemos procedido como sigue: Considerando que Don Pablo de Olavide
no ha comparecido, no obstante la invitación que le hicimos en su residencia,
cerca de Orleans; Considerando que ha transcurrido tiempo suficiente para
recibir su respuesta; Considerando que el estado precario de su salud, unido al
régimen revolucionario que hoy existe en Francia, lo imposibilitan
probablemente para tomar parte activa en nuestras deliberaciones; Considerando,
en fin, que las circunstancias actuales son tan apremiantes que no permiten la
menor dilación, los infrascritos, delegados, hemos creído necesario para
interés de nuestra patria, continuar nuestros trabajos, y hemos convenido
solemnemente en los artículos siguientes:
1° Habiendo
resuelto, por unanimidad, las Colonias Hispano-Americanas, proclamar su
independencia y asentar su libertad sobre bases inquebrantables, se dirigen
ahora aunque privadamente a la Gran Bretaña instándole para que las apoye en
empresa tan justa como honrosa, pues si en estado de paz y sin provocación
anterior, Francia y España favorecieron y reconocieron la independencia de los
Anglo-americanos, cuya opresión seguramente no era comparable a la de los
Hispano-Americanos, Inglaterra no vacilará en ayudar la Independencia de las
Colonias de la América Meridional, mucho más cuando se encuentra empeñada en
guerra contra España y contra Francia, la cual
(Francia) a pesar de reconocer la
soberanía y la libertad de los pueblos, no se avergüenza de consagrar, en el
artículo. . . del tratado de alianza ofensiva y defensiva con España, la
esclavitud más abyecta de catorce millones de habitantes y de su posteridad; y
esto con un espíritu de exclusión tanto más odioso, cuanto que afecta
proclamar, respecto de los otros pueblos de la Tierra, el derecho incontestable
que tienen de darse la forma de gobierno que más les agrade.
2° Un tratado
de alianza, semejante al que Su Majestad cristianísima propuso a los Estados
Unidos de América, debe servir de norma para completar esta importante
transacción, con la diferencia, sin embargo, de que se estipularán, en favor de
Inglaterra, condiciones más ventajosas, más justas y más honrosas. Por una
parte la Gran Bretaña debe comprometerse a suministrar a la América Meridional
fuerzas marítimas y terrestres con el objeto de establecer la Independencia de
ella y ponerla al abrigo de fuertes convulsiones políticas; por la otra parte,
la América se compromete a pagar a su aliada una suma de consideración en
metálico, no sólo para indemnizarla de los gastos que haga por los auxilios
prestados, hasta la terminación de la guerra, sino para que liquide también una
buena parte de su deuda nacional. Y para recompensar hasta cierto punto, el
beneficio recibido, la América Meridional pagará a Inglaterra inmediatamente
después de establecida la Independencia, la suma d e .. . millones de libras. ( La Revista de Edimburgo, fija
esta suma en treinta millones de libras)
3° Las fuerzas marítimas que se pidan a
Inglaterra no excederán de veinte barcos de guerra; las fuerzas de tierra no
excederán de 8.000 hombres de infantería y 2.000 de caballería. En la alianza
defensiva que se pacte, se estipulará que, no necesitando Inglaterra de
soldados de infantería, ni de recursos marítimos, la América, en este caso,
pagará su contingente naval en dinero.
4° Una alianza defensiva entre Inglaterra,
los Estados Unidos y la América Meridional está indicada de tal manera por la
naturaleza, por la situación geográfica de cada uno de los tres países, por los
productos, la industria, las necesidades, las costumbres y el carácter de esas
naciones, qüe al formarse la alianza tiene que ser duradera, sobre todo si se
tiene el cuidado de consolidarla por la analogía, en la forma política, de los
tres gobiernos; es decir, por el goce de una libertad civil sabiamente
entendida y sabiamente dispuesta. Puede decirse con seguridad que ella será el
último asilo de la libertad, audazmente ultrajada por las máximas detestables
que profesa la República francesa; el único medio de formar un contrapeso capaz
de enfrenar la ambición destructora del sistema francés.
5° Se hará con Inglaterra un tratado de comercio, concebido en los
términos más ventajosos a la nación británica; y aun cuando debe descartarse
toda idea de monopolio, el tratado le asegurará naturalmente, y en términos
ciertos, el consumo de la mayor parte de sus manufacturas, pues la población es
de cerca de catorce millones y se surte de manufacturas extranjeras y consume
una multitud de artículos de lujo europeos. El comercio de Inglaterra tendrá
además ventajas considerables esparciendo por todo el mundo —por medio de sus
capitales y sus factorías— los frutos preciosos y los abundantes productos de
la América Meridional. Las bases de este tratado serán tales que no prohíban la
introducción de ninguna mercancía.
6° El paso o
navegación por el Istmo de Panamá, que de un momento a otro debe ser abierto,
lo mismo que la navegación del lago de Nicaragua, que será igualmente abierto
para facilitar la comunicación del mar del Sud con el Océano Atlántico, todo lo
cual interesa altamente a Inglaterra, le será garantizado por la América
Meridional, durante cierto número de años, en condiciones que no por ser
favorables lleguen a ser exclusivas.
7° En las circunstancias actuales no se
harán tratados de comercio con los aliados de la América Meridional, porque los
derechos de importación y de exportación deben ser fijados de conformidad con
el interés común de los pueblos que componen las Colonias Hispano-Americanas,
especialmente el de las comarcas conocidas bajo el nombre de Virreinatos de
México, Santa Fe, Lima y Río de la Plata, y con el nombre de Provincias de
Caracas, Quito, Chile, etc., etc. Deberá por tanto esperarse la reunión de los
diputados de esos diferentes países en cuerpo legislativo, para hacer, a este
respecto y de consuno, arreglos definitivos. Los que hoy existan continuarán
rigiendo sobre las mismas bases, tanto respecto de esas naciones, como de las
potencias amigas.
8° Las relaciones íntimas de asociación que el Banco de Londres
pueda trabar enseguida con los de Lima y de México, para sostenerse mutuamente,
no será una de las menores ventajas que procure a Inglaterra la independencia de
la América Meridional y su alianza con ella. Por este medio el crédito
monetario de Inglaterra quedará sentado sobre sólidas bases.
9° Puede invitarse a los Estados Unidos de América a formar un
tratado de amistad y alianza. Se le garantizará en este caso la posesión de las
dos Floridas y aun la de la Louisiana, para que el Mississipi sea la mejor
frontera que pueda establecerse entre las dos grandes naciones que ocupan el
continente americano. En cambio los Estados Unidos suministrarán, a su costa, a
la América Meridional un cuerpo auxiliar de 5.000 hombres de infantería y 2.000
de caballería mientras dure la guerra que es necesaria para obtener su independencia.
10. En caso de que la América Meridional sea, después de
concluida la paz, atacada por un enemigo cualquiera, los Estados Unidos de
acuerdo con el tratado de alianza defensiva que se celebre, suministrarán el
número de tropas de tierra que se estipula en el artículo anterior. El
contingente de la América Meridional será representado por una suma en
metálico.
11. Respecto de las islas que poseen los hispano-americanos en
el archipiélago americano, la América Meridional sólo conservará la de Cuba,
por el puerto de la Habana, cuya posesión —como la llave del Golfo de México— le
es indispensable para su seguridad. Las otras islas de Puerto Rico, Trinidad y
Margarita, por las cuales la América Meridional no tiene interés directo, podrán
ser ocupadas por sus aliados, la Inglaterra y los Estados Unidos, que sacarán
de ellas provechos considerables.
12. El paso por el Istmo de Panamá, lo mismo que por el Lago de
Nicaragua, será franco igualmente para todas las mercaderías de ciudadanos de
los Estados Unidos; asimismo la exportación de los productos de la América del
Sur podrá hacerse en los buques de aquella nación. Los americanos del Norte deben
ser para nosotros lo que los holandeses han sido por tanto tiempo para las
potencias del Norte, es decir, los que hagan de preferencia el comercio de cabotaje.
13. Las operaciones militares en nuestro continente americano,
así como
los arreglos que se hagan para ellas con los Estados Unidos de
América e Inglaterra, a propósito de los auxilios que esas potencias nos
concedan como aliadas para obtener nuestra independencia, serán confiadas,
mientras dure la guerra, a la experiencia consumada, a la pericia y al
patriotismo de nuestro compatriota y colega Don Francisco de Miranda, nacido en
Caracas, en la Provincia de Venezuela; los importantes servicios que desde hace
quince años viene prestando a la causa de la independencia de nuestra patria,
le dan títulos y derecho incontestables para ese cargo. Recibirá, con tal
motivo, instrucciones más detalladas desde el momento en que desembarque el
primer cuerpo de tropas en el continente Hispano-americano o desde que la
milicia del país se encuentre, en parte o en todo, sobre las armas. Por el
momento nos limitamos a expresar el deseo de ver comenzar las operaciones
militares del Istmo de Panamá, en la Costa Firme, no sólo por la importancia
del punto, sino también porque esos pueblos están dispuestos a armarse a la
primera señal, en favor de la independencia de la patria. Para esto es de
desearse que una escuadra, de ocho o diez buques de guerra, pase al mar del
Sud, pues es de temerse que España, que mantiene en esas costas fuerzas
marítimas, ponga obstáculos a nuestras operaciones en dicho mar.
14. Don José del Pozo y Sucre y Don Manuel
José de Salas partirán sin
demora, conforme a instrucciones, para
Madrid, a efecto de presentarse a la Junta, darle cuenta de su misión en París
y entregarle la copia de este instrumento.
La Junta no espera sino el regreso de los
dos delegados para disolverse
inmediatamente y seguir a diferentes
puntos del Continente americano, en donde la presencia de los miembros que la
componen es indispensablemente necesaria para provocar, tan pronto como
aparezcan los auxilios de los aliados, una explosión combinada y general de
todos los pueblos de la América Meridional.
15. Don Francisco de Miranda y Don Pablo
de Olavide quedan autorizados para nombrar agentes civiles y militares que los
ayuden en su misión; pero los cargos que confieran, en este caso, no serán sino
provisionales, revocables a voluntad, cuando se forme el cuerpo representativo
continental, —que es el único que tendrá derecho para confirmar o anular esos
cargos, según lo juzgue conveniente.
16. Don Francisco de Miranda y Don Pablo
de Olavide, quedan igualmente autorizados para solicitar empréstitos en nombre
de las Colonias Hispano- Americanas mencionadas, cuando lo crean necesario a
efecto de cumplir la comisión que se les ha encomendado. Acordarán el interés
ordinario en casos semejantes y serán responsables de la inversión de dichas
sumas, de las cuales darán cuenta al Gobierno de la América
Meridional cuando sean requeridos para ello.
17. Don Francisco de Miranda y Don Pablo
de Olavide quedan encargados de obtener en Inglaterra, con la menor demora
posible, los efectos siguientes, a saber:
A—Un tren completo de artillería de sitio,
compuesto por lo menos de sesenta bocas de hierro en buena condición y cien
piezas más de artillería ligera y de posición.
B—El vestuario completo para veinte mil
hombres de infantería y para
cinco mil de caballería con todos los
aperos necesarios para los caballos.
C—Treinta mil sables para la infantería.
D—Diez mil lanzas con sus astas.
E—Tiendas cónicas para acampar 30.000
hombres, y
F—Cincuenta anteojos de campaña.
18. Si el estado precario de su salud o
causas imprevistas impiden a Don
Pablo de Olavide presentarse en París
dentro de veinte días para seguir a Londres en su misión, Don Francisco de
Miranda procederá solo, y en este caso gozará de la misma autoridad, como si
fuese acompañado y ayudado por los consejos de su colega. Si circunstancias
imperiosas reclaman el apoyo de un colega, Don Francisco de Miranda queda
autorizado, si lo juzga conducente al mejor desempeño de la comisión que se le
ha encomendado, para asociar, en sus importantes funciones, a su compatriota
Don Pedro Caro, que se encuentra actualmente empleado por él en Londres, en una
misión secreta, o a cualquiera otra persona de cuya probidad y talentos pueda
ser responsable.
Y viceversa, si por causa del régimen
revolucionario en Francia, o por defecto de salud, Don Francisco de Miranda no
pudiere pasar a Londres, Don Pablo de Olavide tendrá igualmente el derecho de seguir
solo a desempeñar esta importante comisión y asociar a él un colega si lo
juzgare conveniente.
Los infrascritos, Don Francisco de
Miranda, Don José del Pozo y Sucre y Don Manuel José de Salas, delegados de la
Junta de Diputados de los pueblos y Provincias de la América Meridional,
después de un maduro examen de los artículos anteriores, declaramos que dichos
artículos deben servir de poder y de instrucciones a nuestros comisionados Don
Francisco de Miranda y Don Pablo de Olavide, enviados a Londres, y si fuere
necesario a Filadelfia; y queremos que las presentes suplan en toda forma
cualquier otro instrumento, por nosotros omitido, en fuerza de las
circunstancias políticas adversas que hoy pesan sobre este país. A fin de
facilitar las negociaciones, se han extendido dos ejemplares del presente
documento, uno en francés y otro en español destinado a la Junta de Madrid.
Estos son los únicos pasos que en los
actuales momentos hemos podido dar, porque nuestro compatriota y principal
agente Don Francisco de Miranda, ha tenido que vivir en el más absoluto retiro
a fin de sustraerse a los efectos del destierro con que se castiga hoy a todos
los ciudadanos que se distinguen por sus méritos y talentos, lo que ha sido la
única causa de la demora y demás contratiempos con que hemos tenido que luchar
en el desempeño de nuestro cometido.
Hecho en París el 22 de diciembre de 1797.
(L. S.)—J osé del Pozo y Su c r e .
Manuel José de Salas.
F rancisco de Miranda.
Conforme con el original.
F. de Miranda.
Duperou, Secretario.
domingo, 26 de abril de 2015
Imperialismo Eloy Reveron
Debido al decreto
presidencial relativo al 9 de marzo como día del anti imperialismo porque ese
día cuando se hizo público el otro decreto emanado de la Casa Blanca, mediante al
cual se establece una formalidad legal que consiste en declarar a la República
Bolivariana de Venezuela, una amenaza para la Seguridad de aquel gobierno.
Para entender la
motivación política de semejante actitud debemos remitirnos tan solo a lo que
en realidad representa a nivel político que el Estado Venezolano lleve a la
praxis, el proyecto político bolivariano, porque si fuese solamente el ideal,
vale decir que el asunto se quedara en pensamientos y palabras, podemos decir
hasta groserías. Pero en la Realidad Histórica, la praxis bolivariana tiene un
significado que va más allá de lo que se puede apreciar en la superficie.
En seguida surge la necesidad de apoyar la iniciativa de seleccionar algún texto que sirva de lectura previa que permita a los estudiantes, la posibilidad de reflexionar sobre el tema.
En seguida surge la necesidad de apoyar la iniciativa de seleccionar algún texto que sirva de lectura previa que permita a los estudiantes, la posibilidad de reflexionar sobre el tema.
![]() |
| Eudaimonia: integración armónica del ethos con el daemon |
El concepto de imperio y las actitudes imperiales datan de la antigüedad. Imperialismo como doctrina de lo imperial, hablando en términos coloquiales responde a la disciplina o doctrina en este caso. El paracaidismo, por ejemplo corresponde al siglo XX, aunque allá en Florencia durante el siglo XV Leonardo hubiera diseñado un paracaídas.
Fue necesario aclarar
con esta analogía para que entiendan que fue en abril de 1916 cuando comenzó a entrar
en vigencia el término imperialismo como categoría de la filosofía política.
Cuando fue acuñado como término, también es una categoría de la politología y
de la historia.
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| Hannah Arendt (1906 1975) |
I.- Como primera lectura
presentamos:
Prólogo a Imperialismo,
Fase superior del Capitalismo, (Lectura popular) de Lenin.
Este libro, como ha quedado dicho en el prólogo de la
edición rusa, fue escrito en 1916, teniendo en cuenta la censura zarista.
Actualmente, no tengo la posibilidad de rehacer todo el texto; por otra parte,
sería inútil, ya que el fin principal del libro, hoy como ayer, consiste en
ofrecer, con ayuda de los datos generales irrefutables de la estadística
burguesa y de las declaraciones de los sabios burgueses de todos los países, un
cuadro de conjunto de la economía mundial capitalista en sus relaciones internacionales,
a comienzos del siglo XX, en vísperas de la primera guerra mundial
imperialista.
Hasta cierto grado será incluso útil a muchos comunistas
de los países capitalistas avanzados persuadirse por el ejemplo de este libro, legal,
desde et punto de vista de la censura zarista, de que es posible -- y
necesario -- aprovechar hasta esos pequeños resquicios de legalidad que todavía
les quedan a éstos, por ejemplo, en la América actual o en Francia,
pág. 4
después de los recientes encarcelamientos de casi todos los comunistas,
para demostrar todo el embuste de las concepciones y de las esperanzas
socialpacifistas en cuanto a la "democracia mundial".
Intentaré dar en este prólogo los complementos más indispensables
a este libro censurado.
![]() |
| Vladimir Ilych Lenin (1870 1924) |
En esta obra hemos probado que la guerra de 1914-1918 ha
sido, de ambos lados beligerantes, una guerra imperialista (esto es, una guerra
de conquista, de bandidaje y de robo), una guerra por el reparto del mundo, por
la partición y el nuevo reparto de las colonias, de las "esferas de
influencia" del capital financiero, etc.
Pues la prueba del verdadero carácter social o, mejor
dicho, del verdadero carácter de clase de una guerra no se encontrará, claro
está, en la historia diplomática de la misma, sino en el análisis de la
situación objetiva de las clases dirigentes en todas las
potencias beligerantes. Para reflejar esa situación objetiva, no hay que tomar
ejemplos y datos aislados (dada la infinita complejidad de los fenómenos de la
vida social, se puede siempre encontrar un número cualquiera de ejemplos o
datos aislados, susceptibles de confirmar cualquier tesis), sino
indefectiblemente el conjunto de los datos sobre los fundamentos
de la vida económica de todas las potencias beligerantes y del mundo entero.
Me he apoyado precisamente en estos datos generales
irrefutables al describir el reparto del mundo en 1876 y en 1914 (§ VI)
y el reparto de los ferrocarriles en todo el globo en 1890 y en 1913 (§ VII).
Los ferrocarriles constituyen el
pág. 5
balance de las principales ramas de la industria capitalista, de la
industria del carbón y del hierro; el balance y el índice más notable del
desarrollo del comercio mundial y de la civilización democráticoburguesa. En
los capítulos precedentes de este libro, exponemos la conexión entre los
ferrocarriles y la gran producción, los monopolios, los sindicatos patronales,
los cartels, los trusts, los bancos y la oligarquía financiera. La distribución
de la red ferroviaria, la desigualdad de esa distribución y de su desarrollo,
constituyen el balance del capitalismo moderno, monopolista, en la escala
mundial. Y este balance demuestra la absoluta inevitabilidad de las guerras
imperialistas sobre esta base económica, en tanto que subsista la
propiedad privada de los medios de producción.
La construcción de ferrocarriles es en apariencia una
empresa simple, natural, democrática, cultural, civilizadora: se presenta como
tal ante los ojos de los profesores burgueses, pagados para embellecer la
esclavitud capitalista, y ante los ojos de los filisteos pequeñoburgueses. En
realidad, los múltiples lazos capitalistas, por medio de los cuales esas
empresas se hallan ligadas a la propiedad privada sobre los medios de
producción en general, han transformado esa construcción en un medio para
oprimir a mil millones de seres (en las colonias y en las semicolonias),
es decir, a más de la mitad de la población de la tierra en los países
dependientes y a los esclavos asalariados del capital en los países
"civilizados".
La propiedad privada fundada en el trabajo del pequeño
patrono, la libre concurrencia, la democracia, todas esas consignas por medio
de las cuales los capitalistas y su prensa engañan a los obreros y a los
campesinos, pertenecen a un pasado lejano. El capitalismo se ha transformado en
un
pág. 6
sistema universal de opresión colonial y de estrangulación financiera de
la inmensa mayoría de la población del planeta por un puñado de países
"avanzados". Este "botín" se reparte entre dos o tres
potencias rapaces de poderío mundial, armadas hasta los dientes (Estados
Unidos, Inglaterra, Japón), que, por el reparto de su botín, arrastran a su
guerra a todo el mundo.
III
La paz de Brest-Litovsk, dictada por la monárquica
Alemania, y la paz aún más brutal e infame de Versalles, impuesta por las
repúblicas "democráticas" de América y de Francia y por la
"libre" Inglaterra, han prestado un servicio extremadamente útil a la
humanidad, al desenmascarar al mismo tiempo a los coolíes de la pluma a sueldo
del imperialismo y a los pequeños burgueses reaccionarios -- aunque se llamen
pacifistas y socialistas --, que celebraban el "wilsonismo" y
trataban de hacer ver que la paz y las reformas son posibles bajo el
imperialismo.
Decenas de millones de cadáveres y de mutilados, víctimas
de la guerra -- esa guerra que se hizo para resolver la cuestión de si el grupo
inglés o alemán de bandoleros financieros recibiría una mayor parte del botín
--, y encima, estos dos "tratados de paz" hacen abrir, con una
rapidez desconocida hasta ahora, los ojos de millones y decenas de millones de
hombres atemorizados, aplastados, embaucados y engañados por la burguesía.
Sobre la ruina mundial creada por la guerra, se agranda así la crisis
revolucionaria mundial, que, por largas y duras que sean las peripecias que
atraviese, no podrá terminar sino con la revolución proletaria y su victoria.
pág. 7
El Manifiesto de Basilea de la II Internacional, que, en
1912, caracterizó precisamente la guerra que estalló en 1914 y no la guerra en
general (hay diferentes clases de guerra; hay también guerras revolucionarias),
ha quedado como un monumento que denuncia toda la vergonzosa bancarrota, toda
la traición de los héroes de la II Internacional.
Por eso, uno el texto de ese Manifiesto como apéndice a
esta edición, advirtiendo una y otra vez a los lectores que los héroes de la II
Internacional rehuyen con empeño todos los pasajes del Manifiesto que hablan
precisa, clara y directamente de la relación entre esta guerra que se avecinaba
y la revolución proletaria, con el mismo empeño con que un ladrón evita el
lugar donde cometió el robo.
IV
Hemos prestado en
este libro una atención especial a la crítica del "kautskismo", esa
corriente ideológica internacional representada en todos los países del mundo
por los "teóricos más eminentes", por los jefes de la II
Internacional (Otto Bauer y Cía. en Austria, Ramsay MacDonald y otros en Inglaterra,
Albert Thomas en Francia, etc., etc.) y por un número infinito de socialistas,
de reformistas, de pacifistas, de demócratas burgueses y de clérigos.
Esa corriente ideológica, de una parte, es el producto de
la descomposición, de la putrefacción de la II Internacional y, de otra parte,
es el fruto inevitable de la ideología de los pequeños burgueses, a quienes
todo el ambiente los hace prisioneros de los prejuicios burgueses y
democráticos.
En Kautsky y las gentes de su calaña, tales concepciones
significan precisamente la abjuración completa de los funda-
pág. 8
mentos revolucionarios del marxismo, defendidos por Kautsky durante
decenas de años, sobre todo, dicho sea de paso, en la lucha contra el
oportunismo socialista (de Bernstein, Millerand, Hyndman, Gompers, etc.). Por
eso, no es un hecho casual que los "kautskistas" de todo el mundo se
hayan unido hoy, práctica y políticamente, a los oportunistas más extremos (a
través de la II Internacional o Internacional amarilla) y a los gobiernos burgueses
(a través de los gobiernos de coalición burgueses con participación
socialista).
El movimiento proletario revolucionario en general, que
crece en todo el mundo, y el movimiento comunista en particular, no puede dejar
de analizar y desenmascarar los errores teóricos del "kautskismo".
Esto es tanto más necesario cuanto que el pacifismo, y el
"democratismo" en general -- que no sienten pretensiones de marxismo,
pero que, enteramente al igual que Kautsky y Cía., disimulan la profundidad de
las contradicciones del imperialismo y la ineluctabilidad de la crisis
revolucionaria engendrada por éste -- son corrientes que se hallan todavía
extraordinariamente extendidas por todo el mundo. La lucha contra tales
tendencias es el deber del partido del proletariado, que debe arrancar a la
burguesía los pequeños propietarios que ella engaña y los millones de
trabajadores cuyas condiciones de vida son más o menos pequeñoburguesas.
Es menester decir unas palabras a propósito del capítulo
VIII: "El parasitismo y la descomposición del capitalismo". Como lo
hacemos ya constar en este libro, Hilferding, antiguo "marxista",
actualmente compañero de armas de Kautsky y
pág. 9
uno de
los principales representantes de la política burguesa, reformista, en el seno
del "Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania"[4], ha dado
en esta cuestión un paso atrás con respecto al inglés Hobson, pacifista y
reformista declarado. La escisión internacional de todo el movimiento
obrero aparece ahora de una manera plena (II y III Internacional). La lucha
armada y la guerra civil entre las dos tendencias es también un hecho evidente:
en Rusia, apoyo de Kolchak y de Denikin por los mencheviques y los
"socialistas-revolucionarios" contra los bolcheviques; en
Alemania, Scheidemann, Noske y Cía. con la burguesía contra los espartaquistas[5]; y lo
mismo en Finlandia, en Polonia, en Hungria, etc. ¿Dónde está la base económica
de este fenómeno histórico-mundial?
Se encuentra precisamente en el parasitismo y en la descomposición del
capitalismo, inherentes a su fase histórica superior, es decir, al imperialismo.
Como lo demostramos en este libro, el capitalismo ha destacado ahora un puñado
(menos de una décima parte de la población de la tierra, menos de un quinto,
calculando "por todo lo alto") de Estados particularmente ricos y
poderosos, que saquean a todo el mundo con el simple "recorte del
cupón". La exportación de capital da ingresos que se elevan a ocho o diez
mil millones de francos anuales, de acuerdo con los precios de antes de la
guerra y según las estadísticas burguesas de entonces. Naturalmente, ahora eso
representa mucho más.
Es evidente que una supetganancia tan gigantesca (ya que los
capitalistas se apropian de ella, además de la que exprimen a los obreros de su
"propio" país) permite corromper a los dirigentes obreros y a
la capa superior de la aristocracia obrera. Los capitalistas de los países
"avanzados" los
pág. 10
corrompen,
y lo hacen de mil maneras, directas e indirectas, abiertas y ocultas.
Esta capa de obreros aburguesados o de "aristocracia obrera",
completamente pequeños burgueses en cuanto a su manera de vivir, por la cuantía
de sus emolumentos y por toda su mentalidad, es el apoyo principal de la
Segunda Internacional, y, hoy día, el principal apoyo social (no
militar) de la burguesía. Pues éstos son los verdaderos agentes de la
burguesía en el seno del movimiento obrero, los lugartenientes
obreros de la clase capitalista (labour lieutenants of the capitalist class),
los verdaderos portadores del reformismo y del chovinismo. En la guerra civil
entre el proletariado y la burguesía se ponen inevitablemente, en número no
despreciable, al lado de la burguesía, al lado de los "versalleses"
contra los "comuneros".
Sin haber comprendido las raíces económicas de ese fenómeno, sin haber
alcanzado a ver su importancia política y social, es imposible dar el menor
paso hacia la solución de las tareas prácticas del movimiento comunista y de la
revolución social que se avecina.
El imperialismo es el preludio de la revolución social del proletariado.
Esto ha sido confirmado, en una escala mundial, desde 1917.
N. LENIN
6 de
julio de 1920 Fuente, texto completo disponible en http://www.formacion.psuv.org.ve/wp-content/uploads/2013/06/El-imperialismo-fase-superior-del-capitalismo.pdf
II.- El segundo texto
lo tomamos de la última edición de Los Orígenes del Imperialismo, en esta
edición vienen los tres títulos que originalmente se habían identificado, con
el anti semitismo, imperialismo y
totalitarismo, bajo el título de Orígenes del Totalitarismo, realizada por la
Editorial Taurus, en esta tercera edición de 2001, cuyos manuscritos provienen
de 1949 y fueron publicados entre 1951 a 1973 en significativo número de
ediciones en diferentes idiomas. En español la tenemos desde 1973.
PROLOGO
A LA SEGUNDA PARTE:
Rara
vez pueden ser fechados con tanta precisión los comienzos de un período
histórico y raramente
fueron tan buenas las posibilidades de los observadores contemporáneos para ser
testigos
de su
preciso final como en el caso de la era imperialista. Porque el imperialismo,
que surgió del colonialismo
y tuvo su origen en la incongruencia del sistema Nación-Estado con el
desarrollo económico
e industrial del último tercio del siglo XIX, comenzó su política de la
expansión por la expansión
no antes de 1884, y esta nueva versión de la política de poder era tan
diferente de las conquistas nacionales
en las guerras fronterizas como del estilo romano de construcción imperial. Su fin
pareció inevitable tras «la liquidación del Imperio de Su Majestad» que
Churchill se había negado
a «presidir» y se tornó un hecho consumado con la declaración de la independencia
india. El hecho
de que los británicos liquidaran voluntariamente su dominación colonial sigue
siendo uno de los
acontecimientos más trascendentales de la historia del siglo XX. De esa
liquidación resultó la imposibilidad
de que ninguna nación europea pudiera seguir reteniendo sus posesiones
ultramarinas.
La
única excepción es Portugal, y su extraña capacidad para continuar una lucha a
la que han
tenido que renunciar todas las demás potencias coloniales europeas puede ser
más debida a su atraso
nacional que a la dictadura de Salazar; porque no fue sólo la mera debilidad o
el cansancio debido
a dos asesinas guerras en una sola generación, sino también los escrúpulos
morales y las aprensiones
políticas de las Naciones-Estados completamente desarrolladas, los que se pronunciaron
contra medidas extremas, la introducción de «matanzas administrativas» (A.
Carthill) que
podían haber destrozado la rebelión no violenta en la India y contra una
continuación del «gobierno
de las razas sometidas» (lord Cromer) por obra del muy temido efecto de boomerang
en las
madres patrias. Cuando finalmente Francia, gracias a la entonces todavía
intacta autoridad de De Gaulle,
se atrevió a renunciar a Argelia, a la que siempre había considerado tan parte
de Francia como
el département de la Seine, pareció haberse llegado a un punto
sin retorno.
Cualesquiera
que pudieran haber sido los términos de esta esperanza si la guerra caliente
contra la
Alemania nazi no hubiese sido seguida por la guerra fría entre la Rusia
soviética y los Estados
Unidos,
se siente retrospectivamente la tentación de considerar las dos últimas décadas
como el período
durante el cual los dos países más poderosos de la Tierra pugnaron por lograr
una posición en
una lucha competitiva por el predominio en aquellas mismas regiones
aproximadamente que habían
dominado antes las naciones europeas. De la misma manera, se siente la
tentación de considerar
a la nueva y difícil distensión entre Rusia y América como el resultado de la
aparición de una
tercera potencia mundial, China, más que como la sana y natural consecuencia de
la destotalitarización
de Rusia tras la muerte de Stalin. Y si evoluciones posteriores confirmaran
estas incipientes
interpretaciones, significaría en términos históricos que hemos vuelto, en una
escala enormemente
ampliada, al punto en el que comenzamos, es decir, a la era imperialista y a la
carrera de
colisiones que condujo a la primera guerra mundial.
Se ha
dicho a menudo que los británicos adquirieron su imperio en un momento de
distracción, como
consecuencia de tendencias automáticas, aceptando lo que parecía posible y
resultaba tentador,
más que como resultado de una política deliberada. Si esto es cierto, entonces
el camino al infierno
puede no estar empedrado de intenciones como las buenas a que alude el
proverbio. Y los hechos
objetivos que invitan a retornar a las políticas imperialistas son, desde
luego, tan fuertes hoy, que
uno se inclina a creer mínimamente en la verdad a medias de la declaración, en
las vacuas seguridades
de buenas intenciones por parte de ambos bandos, de un lado, los «compromisos» americanos
con un inviable statu quo de corrupción e incompetencia y, de otro, la
jerga seudorrevolucionaria
rusa acerca de las guerras de liberación nacional. El proceso de construcción nacional
en zonas atrasadas, donde a la ausencia de todos los prerrequisitos para la
independencia nacional
corresponde un chauvinismo creciente y estéril, ha determinado unos enormes
vacíos de poder en los que la competición entre las superpotencias resulta
tanto más fiera cuanto que parece definitivamente
desechado con el desarrollo de las armas nucleares el enfrentamiento directo de
sus medios
de violencia como último «recurso» para resolver todos los conflictos. No sólo
atrae inmediatamente
el potencial o la intervención de las superpotencias cada conflicto entre los pequeños
países subdesarrollados, sea una guerra civil en Vietnam o un conflicto
nacional en Oriente
Medio, sino que sus verdaderos conflictos, o al menos el cronometraje de sus
estallidos, parecen
haber sido manipulados o directamente causados por intereses y maniobras que
nada tienen que
ver con los conflictos e intereses en juego en la misma región. Nada era tan
característico de la política
de poder en la era imperialista como este paso de objetivos de interés nacional
localizados, limitados
y por eso predecibles, a la ilimitada prosecución del poder por el poder que
podía extenderse
por todo el globo y devastarlo sin un seguro objetivo nacional y
territorialmente prescrito
y por eso sin dirección previsible. Esta reincidencia se ha tornado también
evidente en el nivel
ideológico, con la famosa teoría de las fichas de dominó según la cual la
política exterior americana se
siente obligada a llevar la guerra a un país por la integridad de otros que ni
siquiera son vecinos
de ése y que es claramente una nueva versión del antiguo «Gran Juego» cuyas
reglas permitían
e incluso dictaban la consideración de naciones enteras como piedras que
emergen de un río,
o como peones, en la terminología de hoy, para obtener las riquezas y el
dominio de un tercer país
que a su vez se tornaba simple escalón en el inacabable proceso de la
expansión y de la acumulación
del poder. Fue de esta reacción en cadena, inherente a la política imperialista
de poder y
representada a nivel humano por la figura del agente secreto, de la que dijo
Kipling (en Kim): «Cuando
todos están muertos, el Gran Juego está terminado. No antes»; y la única razón
por la que su
profecía no llegó a cumplirse fue la limitación constitucional de la
Nación-Estado, mientras que hoy
nuestra única esperanza de que no llegue a cumplirse en el futuro está basada
en las limitaciones
constitucionales de la República americana y en las limitaciones tecnológicas
de la era nuclear.
Esto
no significa negar que la inesperada resurrección de la política y los medios
imperialistas tiene
lugar en condiciones y circunstancias ampliamente modificadas. La iniciativa de
la expansión ultramarina
se ha desplazado hacia Occidente, desde Inglaterra y la Europa occidental hasta América,
y la iniciativa de la expansión continental en cerrada continuidad geográfica
ya no procede
de la Europa central y oriental, sino que está exclusivamente localizada en Rusia.
Las políticas
imperialistas, más que cualquier otro factor, han sido las que han determinado
la
decadencia
de Europa, y parecen haberse cumplido ya las profecías de los políticos e
historiadores que
afirmaron que los dos gigantes que flanqueaban a las naciones europeas por el
Este y por el Oeste
acabarían por surgir como herederos de su poder. Nadie justifica la expansión
ya mediante la «misión
del hombre blanco», por una parte, y una «ensanchada conciencia tribal» a unir
pueblos de similar
origen étnico, por otra; en vez de eso, oímos hablar de «compromisos» con
Estados clientes, de
las responsabilidades del poder y de la solidaridad con los movimientos
revolucionarios de liberación
nacional. La misma palabra «expansión» ha desaparecido de nuestro vocabulario político,
que ahora emplea los términos «extensión» o, críticamente, «sobreextensión»
para referirse a
algo muy similar. Y lo que resulta políticamente más importante, las
inversiones privadas en tierras
alejadas, originalmente el primer motor de las evoluciones imperialistas, son
hoy superadas por
la ayuda exterior, económica y militar, facilitada directamente por los
Gobiernos. (Sólo en 1966 el
Gobierno americano gastó 4.600 millones de dólares en ayudas y créditos al
exterior, más 1.300 millones
anuales en ayuda militar durante la década 1956-65, mientras que la salida de
capital privado
en 1965 totalizó 3.690 millones de dólares y, en 1966, 3.910 millones)1.
Esto significa que la
era del llamado imperialismo del dólar, la versión específicamente americana
del imperialismo anterior
a la segunda guerra mundial, que fue políticamente la menos peligrosa, está
definitivamente superada.
Las inversiones privadas —«las actividades de un millar de compañías
norteamericanas operando en un centenar de países extranjeros» y «concentradas
en los sectores más modernos, más estratégicos
y más rápidamente crecientes»—crean muchos problemas políticos aunque no se
hallen protegidas
por el poder de la nación2, pero la ayuda
exterior, aunque sea otorgada por razones puramente
humanitarias, es política por naturaleza precisamente porque no está motivada
por la
búsqueda
de un beneficio. Se han gastado miles de millones de dólares en eriales
políticos y económicos
en donde la corrupción y la incompetencia los han hecho desaparecer antes de
que se hubiera
podido iniciar nada productivo, y este dinero ya no es el capital «superfluo»
que no podía ser
invertido productiva y beneficiosamente en la patria, sino el fantástico
resultado de la pura
abundancia
que los países ricos, «los que tienen» en comparación con «los que no tienen»,
pueden permitirse
perder. En otras palabras, el motivo del beneficio, cuya importancia en la
política imperialista
del pasado llegó a ser sobreestimada frecuentemente, ha desaparecido ahora por completo;
sólo los países muy ricos y muy poderosos pueden permitirse soportar las
grandes pérdidas
que supone el imperialismo.
Probablemente,
es aún demasiado pronto (y queda más allá del alcance de mis consideraciones) para
analizar y examinar con algún grado de confianza estas recientes tendencias. Lo
que parece incomódamente
claro incluso ahora es la fuerza de ciertos procesos aparentemente
incontrolables que
tienden a frustrar todas las esperanzas de desarrollo constitucional en las
nuevas naciones y a minar
las instituciones republicanas en las antiguas. Los ejemplos son excesivos para
permitir siquiera
una sumaria enumeración, pero la aparición de un «gobierno invisible» de los
servicios secretos
cuyo alcance en la política interior, en los sectores cultural, docente y
económico de nuestra
vida, sólo recientemente se ha revelado, es un signo demasiado ominoso para
dejarlo pasar en
silencio. No hay razón para dudar de la afirmación de míster Allen W. Dulles
según la cual los servicios
de inteligencia han disfrutado en este país desde 1947 de «una posición más
influyente en nuestro
Gobierno de la que disfrutan los servicios de inteligencia en cualquier otro
Gobierno del mundo»3; ni
hay razón para creer que esa influencia haya disminuido desde que formuló su declaración
en 1958. Se ha señalado a menudo el peligro mortal que el «Gobierno invisible»
supone para
las instituciones del «Gobierno visible»; lo que resulta quizá menos conocido
es la íntima conexión
tradicional entre la política imperialista y la dominación por el «Gobierno
invisible» y los agentes
secretos. Es un error creer que la creación de una red de servicios secretos en
este país tras la
segunda guerra mundial fue una respuesta a la amenaza directa que para su
supervivencia nacional
suponía la red de espionaje de la Rusia soviética; la guerra había impulsado a
los Estados Unidos
a la posición de la mayor potencia mundial, y fue esta potencia mundial, más
que su existencia
nacional, la desafiada por la potencia revolucionaria del comunismo dirigido
desde Moscú 4.
Cualesquiera
que sean las causas de la ascensión americana al poder mundial, la deliberada prosecución
de una política exterior encaminada a ese poder o una aspiración al dominio
global no figuran
entre ellas. Y cabe decir lo mismo respecto de los pasos recientes y todavía de
tanteo del país
en dirección a una política de poder imperialista para la que su forma de
gobierno está menos preparada
que la de cualquier otro país. El enorme foso entre los países occidentales y
el resto del mundo
no sólo y no primariamente en riqueza, sino en educación, dominio técnico y
competencia en
general, ha atormentado las relaciones internacionales desde el comienzo
incluso de una genuina política
mundial. Y este vacío, lejos de disminuir en las últimas décadas bajo la
presión de unos sistemas
de comunicaciones en rápido desarrollo y la resultante reducción de las
distancias terrestres, ha aumentado
constantemente y está cobrando ahora proporciones verdaderamente alarmantes.
«Las tasas de crecimiento demográfico en los países menos desarrollados son
ahora dobles
de las de los países más avanzados»5, y cuando este
factor bastaría para que fuera imperativo asistirles
con excedentes alimenticios y con excedentes de conocimiento tecnológico y
político, es ese
mismo factor el que invalida toda ayuda. Obviamente, cuanto mayor sea la
población, menor ayuda
per capita recibirá, y la verdad de la cuestión es que después de dos
décadas de programas de ayuda
masiva, todos los países que para empezar no han sido capaces de ayudarse a sí
mismos — como
ha sido el Japón— son ahora más pobres y están más alejados que nunca de
cualquier estabilidad
económica o política. Por lo que se refiere a las posibilidades del
imperialismo, esta situación
las consolida temiblemente por la sencilla razón de que nunca han importado
menos las puras
cifras; la dominación blanca en Sudáfrica, donde la minoría tiránica es
superada hoy en una proporción
de diez a uno, no ha estado probablemente nunca más segura que hoy. Es esta
situación objetiva
la que convierte a toda la ayuda exterior en instrumento de dominación
extranjera y coloca a
todos los países que precisan de esta ayuda por sus decrecientes probabilidades
de supervivencia física
ante la alternativa de aceptar alguna forma de «gobierno de razas sometidas» o
hundirse rápidamente en
una anárquica ruina.
Este
libro se refiere solamente al imperialismo colonial estrictamente europeo, cuyo
final sobrevino
con la liquidación de la dominación británica en la India. Narra la historia de
la desintegración
de la Nación-Estado que demostró contener casi todos los elementos necesarios
para la
subsiguiente aparición de los movimientos y Gobiernos totalitarios. Antes de la
era imperialista no
existía nada que fuera una política mundial, y sin ella carecía de sentido la
reivindicación totalitaria
de dominación global. Durante este período el sistema de la Nación-Estado se
mostró incapaz
tanto de concebir nuevas normas para manejar los asuntos exteriores que se
habían convertido
en asuntos globales como de hacer observar una Pax Romana en el resto del
mundo. Su
pobreza
y su miopía políticas concluyeron en el desastre del totalitarismo, cuyos
horrores sin precedentes
han oscurecido los ominosos acontecimientos y la mentalidad aún más ominosa del período
anterior. La investigación erudita se ha concentrado casi exclusivamente en la
Alemania de Hitler
y en la Rusia de Stalin a expensas de sus menos dañinos predecesores. El
dominio imperialista,
excepto cuando se trata de utilizar esa denominación, parece casi olvidado, y
la razón principal
de que ese hecho resulte deplorable es que en los años recientes su importancia
en los acontecimientos
contemporáneos se ha tornado más que evidente. De esta manera la controversia sobre
la guerra no declarada por los Estados Unidos en Vietnam se ha formulado desde
ambos bandos
en términos de analogías con Munich o con otros ejemplos extraídos de los años
30, cuando la
dominación totalitaria era el único peligro claro presente y omnipresente; pero
las amenazas de la política
de hoy en hechos y palabras tienen un más portentoso parecido con los hechos y
las justificaciones
verbales que precedieron al estallido de la primera guerra mundial, cuando una chispa
en una región periférica de interés secundario para todos los interesados podía
iniciar una conflagración
mundial.
Subrayar
la desgraciada importancia que este medio olvidado período tiene para los acontecimientos
contemporáneos no significa, desde luego, ni que la suerte esté echada y
estemos entrando
en un nuevo período de políticas imperialistas, ni que en todas las
circunstancias deba acabar
el imperialismo en los desastres del totalitarismo. Por mucho que seamos
capaces de saber
del
pasado, ello no nos permitirá conocer el futuro.
HANNAH ARENDT
Julio de 1967.
IV.- Para el Pensamiento Anti imperialista Venezolano
V.- Reflexiones y documentos en torno al proyecto geo político mirandiano de integración y libertad: Haga Clic
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