sábado, 28 de diciembre de 2013

Historia de la Masonería en Venezuela Eloy Reverón

Numerosos son los artículos publicados con este título, en cuya lista de autores me incluyo. Esta vez lo hacemos dentro de un esquema didáctico, dirigido a un grupo de pupilos dedicados e esta labor. La primera afirmación que colocamos sobre la mesa es que la historia de la masonería en Venezuela no ha sido escrita. Ya hemos entregado a los participantes del Seminario la primera parte del Prolegómeno. La primera parte correspondió a una ubicación en el contexto cronológico donde se ambienta el tema de investigación. En esta parte nos ocuparemos de los principios... ver más

Principio Señorial Eloy Reverón

Hace algunos años resumimos este aspecto de su texto de la siguiente manera: Más allá del instinto animal de la demarcación, defensa territorial y la agresión, se manifiestan con notable refinación, la propiedad privada, el solar y la patria; las guerras de conquista; el caudillismo y la mafia. Antes aparece la lucha por el poder detrás de las desigualdades humanas que impulsan al ser humano a arriesgar su vida en combate donde el vencedor asume como derecho la explotación económica de los vencidos y los sometidos de manera espontánea.

El señorío se entroniza cuando estos privilegios... Ver más

sábado, 23 de noviembre de 2013

GUARAIRA REPANO ELOY REVERON

El Guaraira Repano es una gran montaña ubicada entre el río Guaire y La Guaira. Son tres moles montañosas comunicadas por una fila superior o Fila Maestra. Ubicada en la región centro norte de la costa venezolana bañada por el mar Caribe. ver mas...

sábado, 16 de noviembre de 2013

J.M. Briceño Guerrero. Discurso pronunciado en el Palacio de las Academias el 24 de junio de 1983

Con motivo del Homenaje de las Universidades al Libertador en el Bicentenario de su natalicio. (Foto E.Reverón 20 11 2009)

Señores:
Cuando supe que yo había sido propuesto como orador de orden para este acto en representación de la Universidad de Los Andes y del resto de las universidades del país, me sentí muy honrado. “Por iniciativa de los rectores de las universidades nacionales”, rezaba la comunicación oficial, “se ha convenido celebrar en este año bicentenario del natalicio del Libertador, varios actos de carácter nacional que testimonien el recuerdo y respeto de los universitarios por el Héroe Nacional”. “Entre los actos”, agregaba, “habrá de celebrarse una sesión en el Palacio de las Academias en Caracas, el 24 de junio en horas de la noche, con motivo de cumplirse un aniversario más de la Promulgación de las Constituciones Republicanas mediante la cual el Libertador creó la Universidad Autónoma Republicana de Venezuela”.

Acepté complacido y abrumado por la ocasión de hablar ante personas tan distinguidas, sobre un tema tan importante, en el lugar olímpico de la intelectualidad venezolana. Releí los Estatutos republicanos de la Universidad Central de Venezuela sancionados por Simón Bolívar el24 de junio de 1827, recogidos por Ildefonso Leal ciento cincuenta años más tarde y publicados por la Universidad Central de Venezuela en junio de 1977 para celebrar el sesquicentenario de su existencia republicana. No podía escapárseme que el 24 de junio es también aniversario de una gran victoria militar de Simón Bolívar y cómo olvidar que San Juan Bautista, patrono del día, esconde a los dioses paganos del solsticio estival.

Todo esto, en un año de Cléones y Alantopoles , me ofrecía fáciles ventajas retóricas para exaltar la figura del Padre de la Patria en sus innegables méritos militares y civiles; haciendo valer su pensamiento y su obra en lo que tienen de radical y de actual para nosotros los de hoy; dejando resonar largamente su verbo de admonición para alimentar la esperanza de días mejores en que, gracias al coordinado esfuerzo colectivo, llegara a ser fuente de orgullo para nosotros la nación venezolana, digna hija de tan digno padre; destacando, en fin, el papel protagónico de la Universidad Autónoma en tan magna tarea, mientras ponía en evidencia la referencia astronómica de la fecha como parámetro cósmico.

Podía, sin duda, declinar esas ventajas retóricas, no muy cónsonas por cierto con la dignidad académica, y transformar mi discurso en una especie de ensayo erudito sobre las ideas del Libertador en materia cultural, rastreando sus orígenes y poniendo de manifiesto al mismo tiempo su originalidad, para colgar un nuevo retrato suyo , hecho de palabras, en este recinto, continuando así una tradición iniciada por la Universidad Central de Venezuela al poner un retrato de Su Excelencia en la Sala de sesiones del Claustro, como primera resolución después de la promulgación de los estatutos. Pero me pregunté si yo quería prolongar el linaje insigne, multitudinario de los retratistas del Libertador, callando lo que sé.

Yo había aceptado decir este discurso, complacido y abrumado por el honor. Ahora me preguntaba si no corría peligro de hundirme en el deshonor y la vergüenza, ante mis dioses, contribuyendo indirectamente a mantener mentiras convencionales por timidez en el ejercicio de la libertad de palabra. Decidí entonces que manifestaría respeto al Libertador y a mis oyentes diciendo la verdad.
Guíeme Tucídides, el testigo por antonomasia, el escrutador y paradigmático atestiguador del devenir humano. En su XLIII pone Tucídides en boca de Pericles las siguientes palabras: 



Paso a interpretar esta cita como quien interpreta una escritura sagrada porque Tucídides, cuando habla del hombre, no emite conjeturas, sino que pone en verbo para siempre su visión clara y verdadera de la condición humana. Despliego y explico la coherencia sintética de su prosa ática en forma analítica por medio de enunciados distintos:

1. Existen hombres excepcionales (extraordinarios, sobresalientes, superiores) reconocibles porque su conducta comunica con profundos intereses de sus pueblos y de la humanidad toda al par que interviene poderosamente en las circunstancias inmediatas. 
2. No quedan enterrados en sus tumbas, sino sembrados en toda la tierra.
3. Su existencia es señalada oficialmente por medio de un culto expresado en inscripciones sobre piedra, estatuas, homenajes, ceremonias cíclicamente repetidas, coronas de flores y de palabras, gestos ritualizados.
4. Su existencia, por otra parte, habita sin señalización en cada uno, como presencia innominada más cercana a su corazón que a sus actos.
Sus actos, hechuras y hazañas, fueron el empalme entre su corazón, conectado con el corazón colectivo, y las circunstancias históricas donde actuó. El alto centro de pensamiento y afectividad llamado aquí corazón, origen de conocimiento cierto y voluntad eficiente, producirá, si está vivo, nuevos actos –hechuras y hazañas- para enfrentar las nuevas circunstancias históricas.

Veamos a Bolívar y a Venezuela a la luz de Tucídides:

1. Simón Bolívar fue sin duda un hombre excepcional. Comprendió el puesto de América en el mundo y logró cohesionar durante unos tres lustros los discursos heterogéneos del pueblo para conducir un movimiento de liberación política que nos hizo pasar de colonias a repúblicas como parte de un movimiento planetario hacia la dignidad y la autonomía del género humano en sus diversas variantes culturales.
2. No quedó enterrado en su tumba, sino sembrado en toda la tierra. Su nombre y su obra son recordados con admiración y agradecimiento mucho más allá de su país natal por hombres de otras patrias y de otras lenguas, que se inspiran en él.
3. Su existencia es señalada, recordada, alabada, adorada por un culto oficial que llega a su fortissimo durante este año bicentenario de su natalicio al cual pertenecen este acto y este discurso.
4. Su existencia habita sin señalización en cada uno de nosotros como presencia innominada más cerca de su corazón que de sus actos. En todos – aunque en algunos de manera muy débil – alienta el anhelo de plenitud, “de libertad y de gloria” como diría él. Colectivamente, tal como pudo verlo Augusto Mijares, hay un estrato del psiquismo nacional donde germinan de manera silvestre las virtudes humanizantes sin las cuales ningún país llega a ninguna parte.

Y sin embargo, me veo obligado a decir algo que no es contradictorio con lo anterior pero sí paradójico y menesteroso de explicación, no solo en el discurso sino también y sobre todo en la realidad. Yo no he estudiado en vano, yo no he vivido en vano, yo no he tratado de comprender a mi país en vano. Yo sé que Simón Bolívar no es el Padre de la Patria. Yo sé también que Venezuela no es una patria.

Este país pertenece a una región del mundo que dejó de ser colonia española gracias a la gesta emancipadora encabezada por Bolívar; Pero se constituyó como estado separado en contra del pensamiento y de la voluntad de Bolívar, en contra de todo lo que Bolívar significó para sí mismo, en contra del corazón de Bolívar. Venezuela por no ser más colonia española da testimonio de la gran victoria de Bolívar, pero por ser estado separado de la Gran Colombia da testimonio del gran fracaso de Bolívar. Su propia victoria militar, más que su enfermedad y su muerte lo hicieron fracasar como organizador de estados, porque los heterogéneos discursos que logró cohesionar para la primera tarea, al dispersarse de nuevo sin el freno español y sin el suyo, sólo válido en guerra, condujeron a la multiplicidad caótica que hoy nos impide pronunciar palabras salidas del corazón colectivo, palabras que él si oyó y dijo pero nosotros no queremos oír, hipnotizados por pequeños poderes.
Nacida traumáticamente de la fragmentación de un gran sueño, Venezuela es un ámbito geográfico y administrativo. Los despojos territoriales nunca le han dolido realmente porque no es el cuerpo de una patria, sus límites son imprecisos y negociables como propiedades materiales no irrigadas por sangre común, no inervadas por un sistema vivo. Dentro de ese ámbito geográfico y administrativo hay muchas patrias pequeñas, amados terruños alimenticios que no llegan a configurar un todo orgánico, yuxtapuestos, imbricados, superpuestos, interpenetrados se continúan más allá de las fronteras sin sentirlas.

Tal situación en sí misma no entraña una desgracia irremediable y tal vez no es una desgracia. Muchas patrias han comenzado siendo conglomerados de pequeñas patrias recíprocamente hostiles. Otras han comenzado como fragmentos de un todo despedazado. Lo múltiple y diverso puede articularse en una totalidad de sentido donde las partes conservan individualidad autonómica o se van fundiendo en unidad superior donde quedan superadas y conservadas. La culpa edípica puede asumirse conscientemente transformándola en responsabilidad adulta. El hombre es músico y puede componer estados polifónicos; tendrá que componerlos.

Ese estado de cosas no es nuestro problema fundamental. Cuando nos observamos a la luz de Tucídides vemos claramente la fractura, el quiebre radical de nuestro país. A saber: la discontinuidad escenificada históricamente por nosotros entre los enunciados tercero y cuarto vistos en el despliegue y explicación de la frase puesta por Tucídides en boca de Pericles. El culto oficial a Bolívar, característico y definitorio del estado republicano, no guarda continuidad con la presencia innominada de Bolívar en nosotros más cerca de su corazón que de sus actos. El poder político venezolano, después del corto lapso de estupor que siguió al parricidio, recuperó el cadáver de Bolívar y lo hizo objeto de un culto supersticioso que encubre el terror de su resurrección y garantiza su muerte separándolo de la tierra donde podría germinar. La presencia viva e innominada de Bolívar, común a las muchas patrias pequeñas, permanece en estado embrionario porque no tiene acceso a la toma de decisiones, no tiene respiradero político. El culto a Bolívar es una fachada; el poder político se asumió como reparto y rapiña, erigido sobre el desvencijado aparato institucional de la colonia española, apuntalado por instituciones emprestadas a la Europa segunda. Se afianzó e hizo escuela un linaje hasnamousiano de hombres de presa que sólo conoce la pandilla como forma de organización y la astucia como virtud suprema.

He sufrido cincuenta años de historia de Venezuela; para comprenderlos he tenido que ir más allá de la rimbombante y hueca retórica de los militares convertidos en déspotas, más allá del asqueroso parloteo de los demagogos, más allá de los planteamientos ideológicos precariamente legitimadores de los poderosos y de los aspirantes al poder. Siempre he visto el deseo de servir a la formación de la patria atropellado por intereses egoístas, pero renaciendo siempre. Todo el que quiere servir a un propósito común encuentra que su vida es una aventura individual en un mundo caótico.

Me limito a los últimos cincuenta años por la cercanía vivencial y no puramente académica. Dos circunstancias los han caracterizado: el sostenido crecimiento demográfico y el acelerado aumento simultáneo de los recursos fiscales. Ante esas dos circunstancias hubiera podido esperarse de parte de los dirigentes del país una acción creadora de cultura, prosperidad y patria. Por una parte, una gran población mestiza descendiente de esclavos negros, indios derrotados y blancos de orilla, en pésimas condiciones de vida, habitada por un anhelo legítimo y ciego de superación; por otra parte, grupos privilegiados constituidos por descendientes de mantuanos, neocriollos y arrivés del caudillismo militar, que no sintieron nunca a los otros como integrantes de la misma patria porque no hay noción de patria. ¿Cómo hubiera podido esperarse de ellos una acción creadora que fuera más allá de sus intereses de grupo concebidos con ojo de ratón? Claro está que concebidos con ojo de águila y en contexto mundial los hubieran llevado a intentar por lo menos la formación de un estado respetable con ciudadanos capacitados para vivir y no sólo sobrevivir. No ocurrió así; no ha habido constructores de patria ni estadistas. Pero como el sostenido crecimiento demográfico potenciaba la peligrosidad social del legítimo y ciego anhelo de superación, mientras el acelerado aumento simultáneo de los recursos fiscales, remota herencia tectónica validada por la civilización industrial, posibilitaba la movilidad vertical y horizontal, y permitía aliviar, disminuir, engañar, postergar la peligrosidad social de los pobres, se perpetuaron y afianzaron las reglas del abyecto juego político que nos hizo nacer como ámbito territorial y administrativo que no como patria. Sobre los caudillos militares fueron prevaleciendo caudillos civiles, más aptos, en las nuevas circunstancias, para el reparto entre los que lograran movilizarse verticalmente por medio de partidos constituidos ad hoc, encargados de enseñar a círculos más amplios las reglas del juego, garantizar su cumplimiento y premiar según ellas a las pandillas más aptas en el manejo de la violencia y la astucia.

Como, además, en el mundo actual circulan ideas por todas partes, se procedió al encubrimiento ideológico de esa situación de hecho con doctrinas de valor estrictamente retórico, pastiches verbales, cacareo de progreso, desarrollo, planificación, revolución como ritual manipulatorio.

Para entender este acontecer no hace falta utilizar categorías específicamente humanas; bastan las mismas que se utilizan para entender etológicamente la conducta de poblaciones de peces o de insectos. Y quizás es demasiado, tal vez bastarían también las leyes de la hidráulica.

Un hombre se hace hombre cuando construye dentro de sí mismo un nivel de reflexión que le permite volverse consciente del destino, es decir, de lo que en él es condicionamiento biológico y cultural para elevarse al ejercicio de su libertad y de su creatividad. Un país se hace patria cuando construye dentro de sí centros autónomos de autoconocimiento y autocomprensión que iluminen sus centros de acción para integrarse asumiéndose en plenitud, orientarse en el universo y dirigir deliberadamente su conducta; así, esta será no la resultante mecánica de una combinatoria subhumana de fuerzas históricas, sino el producto de decisiones enraizadas en un ámbito de valores espirituales, es decir propiamente humanos.

La patria germinal habita en ese nivel del psiquismo colectivo donde anida la presencia innominada de Bolívar, más de su corazón que de sus actos pasados, pero no puede desarrollarse porque el ámbito de su despliegue – la actividad política, el manejo de los asuntos públicos – está ocupado por el culto oficial a bolívar, un culto rigurosamente farisaico, que no guarda ninguna relación de continuidad con el nivel fundamental, no lo expresa, no lo prolonga, no es su manifestación auténtica, más bien lo oprime y lo pasma permitiéndole participar sólo en la medida en que puede corromperlo y desvirtuarlo mediante la siniestra pedagogía del abyecto juego.

En todas las esferas de nuestra vida pública puede observarse y señalarse esta discontinuidad, pero hay una que nos concierne a los aquí presentes de manera cordial y capital. En el mundo actual ¿Cuáles son los centros de conocimiento, reflexión y autocomprensión que iluminan al estado y al pueblo? Sin duda aquellos donde se cultivan las ciencias y las humanidades. Entre nosotros ¿Qué institución se encarga de este cultivo? La Universidad primariamente, se supone. ¿Qué ha pasado con la Universidad? Durante los últimos veinticinco años, para limitarnos a lo vivencial, dos circunstancias han influido sobre ella: el sostenido crecimiento de la matrícula estudiantil y el aumento gigantista de los recursos financieros. ¿Qué ha hecho ante esa situación? Adaptarse pasivamente a la mecanicidad del estado. Ha sido canal selectivo para el ascenso socioeconómico, sus símbolos habilitan para una mayor participación en el reparto. Ha sido efebofrura, su ámbito contiene, retiene y entretiene a jóvenes que en su gran mayoría no obtendrán patente porque la movilidad vertical no es ilimitada ni mucho menos. Ha sido sinecura para la ociosidad estéril. Ha sido retaguardia logística y centro de reclutamiento en aventuras políticas, paramilitares y hasta hamponiles. Ha sido campo de entrenamiento para los cachorros del sistema. Ha sido fuente de financiamiento para clientelas partidistas. La habitan sectas dogmáticas anti-intelectuales, roscas burocráticas, gremios insaciables, clubes políticos, asociaciones de compadres, cofradías de borrachos – su nombre es legión- la parasitan golosamente, en disputa, la empujan en todas direcciones y ella se agita como un pelele sin ritmo ni concierto. Nadie toma decisiones, las decisiones son la resultante mecánica de las fuerzas en juego a través de una inextinguible polisinodia laberíntica donde se diluye homeopáticamente toda responsabilidad.

¿Qué hay de los centros se conocimiento y reflexión? ¿Qué pasa con las ciencias y las humanidades? Se les rinde un culto verbal rigurosamente farisaico. Los pocos que se dedican a esas actividades exóticas, extravagantes y ridículas quedan ipso facto al margen de todo lo que cuenta como importante, expuestos a cualquier desmán en cualquier momento a menos que se acostumbren a hacer ejercicios de humillación ante pequeños déspotas engreídos, se hundan en la clandestinidad o libren una continua guerra defensiva que los desgasta y los amarga disminuyendo su capacidad creadora.

Increíble todo esto tal vez para un observador externo, o por lo menos exagerado. ¿Cómo puede una institución alejarse tanto de su esencia sin que la disonancia la destruya? Aquí es cuando entra a actuar la ideología en su función amortiguadora de la contradicción y encubridora de la fractura. El derecho al estudio. La universidad reflejo del país. La protección al indigente. La autonomía garantiza la libertad mental y el desarrollo de una actitud crítica. La revolución. Pero ya ni esos mecanismos de autojustificación hacen mucha falta porque la mayoría de los universitarios ha olvidado o nunca supo lo que es universidad.

Sin embargo, un hecho milagroso de observar en la vida universitaria nos cura de todo pesimismo radical: en medio de ese océano de circunstancias adversas hay una micronesia de humanistas y científicos que, exilados en su propia casa de estudios, mantienen en lo individual las virtudes y las prácticas correspondientes a la esencia de la universidad.

En resumen, nuestra relación con Bolívar representa, simboliza y encarna la situación histórica de nuestro país en todas sus esferas, incluyendo la esfera universitaria. Por una parte un ámbito donde germinan tercamente las virtudes humanizantes y formadoras de patria. Allí late y sueña nuestro futuro vigor. Por otra parte, oprimiendo al anterior, un ámbito político, administrativo, burocrático, estatal, caracterizado por la inconsciencia de su destino, es decir por la inconsciencia de su propia mecanicidad, ciego y sordo a las posibilidades de la libertad creadora. Allí se agita y patalea un reiterado fracaso incapaz de reconocerse como tal, demasiado envilecido moralmente como para avergonzarse y retirarse, pero suficientemente fuerte como para continuar su triste espectáculo. El primer ámbito es morada de Bolívar en el sentido del cuarto enunciado que hemos desentrañado de la frase puesta por Tucídides en boca de Pericles. El segundo ámbito es sede de un acontecer mecánico que no se reconoce a sí mismo porque se enmascara en pronunciamientos farisaicos cuya falsedad no alcanza a ver; ésa es la morada de Bolívar en el sentido del tercer enunciado, pero tan carcomida y precaria en Venezuela que no puede albergar adecuadamente el recuerdo del héroe aunque lo alimente con incesantes estatuas, coronas, discursos, títulos, homenajes, ceremonias. Más bien ha hecho de él un alma en pena, que se presenta en las sesiones mediumnímicas de los cultos mágico-religiosos del pueblo como un espíritu neurasténico, impaciente, desequilibrado, que tose lastimosamente y grita órdenes absurdas.

Pudiera pensarse que la variante venezolana de la tragedia, inherente según los griegos a la condición humana, está en esa ruptura, en esa discontinuidad, en esa separación entre la heterogénea nobleza del pueblo y la actuación de los poderes públicos.
Pero no se pensaría correctamente, porque lo característico de la tragedia no es sólo su desgracia y dolor, sino también y sobre todo su inevitabilidad. Y la situación de Venezuela en general y de su universidad en particular tiene remedio.

Recordemos los dos primeros enunciados: 1. Existen hombres excepcionales reconocibles porque su conducta comunica con profundos intereses de sus pueblos y de la humanidad toda al par que interviene poderosamente en las circunstancias inmediatas.

El manejo de los asuntos públicos requiere de hombres excepcionales requiere de hombres excepcionales. Si no somos tales, adiestrémonos en el arte de reconocerlos para apoyarlos y seguirlos; si parecen o pretenden serlo sin serlo, que nuestro desprecio sea manifiesto, en escala nacional y en escala institucional.
2. No quedan enterrados en sus tumbas sino sembrados en toda la tierra.

Sepan nuestros dirigentes y su abigarrada progenie que el ocupar altas magistraturas no salva de la mediocridad ni de la muerte. No es un nombre en una lista de gobernantes ni un retrato en una galería de directores lo que puede dar sentido a una vida estéril e intrascendente. Más bien ponen de manifiesto su vacuidad. La tierra no puede hacer germinar lo que no es semilla. Un corazón vacío no puede hacer acto de presencia junto al corazón del pueblo. Es preferible el anonimato de los humildes que se convierten en humus alimenticio para las virtudes humanizantes donde se esconde y sueña el futuro vigor de la patria.

Se convino celebrar este acto para testimoniar “el recuerdo y respeto de los universitarios por el héroe nacional”

Recuerdo y respeto, he comprendido estas dos palabras etimológicamente. Recordar viene de cor, cordis, corazón; significa volver a traer algo o alguien al corazón, desplazar de nuevo el corazón hacia algo o alguien; una operación del afecto.

Respeto viene de respicio, respixi, respectus; significa mirar hacia atrás, hacia adentro; volver a mirar, considerar, referirse a, respectar; una operación del intelecto.

Esta ha sido mi manera de expresar recuerdo y respeto por el héroe nacional. He preferido un discurso testimonial a un discurso epidíctico. Lo he hecho con ira y lucidez, como lanzando una pedrada contra enemigo más fuerte, último recurso para no cubrirme de deshonor y de vergüenza ante mis dioses. Si, además he logrado expresar algún estrato del intrincado psiquismo universitario, no a mi corresponde juzgar, sino a la consciencia de mis pares, perturbada como la mía por Cléones y Alantopoles.

Termino repitiendo la frase de Tucídides, esta vez, empero, como responso a Bolívar en la lengua que dio origen y esencia a Universidades y Academias:


Publicado en noviembre de 2009

viernes, 15 de noviembre de 2013

viernes, 14 de junio de 2013

Código preincáico en la piedras de Ica por Eloy Reverón

A mi regreso de Perú publicaron este artículo en la revista Cábala, Caracas, septiembre, 1982 pp 9-8  referente a mi visita al museo de piedras halladas por el doctor (Odontólogo) Javier Cabrera Darquea en la ciudad de Ica, al sur de Lima. 

También publicó el doctor peruano, un libro sobre la impresión personal sobre las piedras grabadas. Hoy día pienso que atribuir orígenes extra terrestres a los sorprendentes testimonios arquitectónicos, escultóricos, arqueológicos e incluso científicos, obedece a una ideología que subestima las potencialidades del hombre preamericano. En aquella oportunidad, me limité a reseñar el testimonio de mi paso por esa hospitalaria ciudad peruana, según el criterio editorial de esta revista, para la cual actué como corresponsal, gracias a Valentín Ladra, quien dirigía esta, revista de la Cadena Capriles.



domingo, 10 de febrero de 2013

La ceiba del vizcaíno está de cumpleaños Eloy Reverón

(Foto Eloy Reverón)
Mis vecinos de la avenida Manuel Felipe Tovar celebran el cumpleaños del árbol que sembró el fundador del taller de los frenos que se encuentra al pasar la ceiba, ya subiendo hacia la heladería de la Crema Paraíso, en San Bernardino, Caracas.
Pocos recuerdan en la zona que la quinta La Palma, donde hoy está una agencia de festejos del mismo nombre fue la casa de Campo del Conde de Tovar. Casa donde funcionó entre 1958 hasta 1966, el colegio Tirso de Molina. Hoy debería ser museo de arte colonial como Anauco Arriba y la Quinta Anauco.
Hasta avanzado el siglo XX, ese lugar fue conocido como El Paraíso, según una colección de planos de Caracas publicada en 1967. El nombre de El Paraíso proviene de una tradición templaria de la Orden de los Caballeros de Santiago, vinculada al vallisoletano del Puente, mentado don diego de Lozada, quien según los rumores históricos, no fundó ciudad alguna, porque el sitio fue establecido por él como cuartel, al encontrar el punto estratégico entre el río Caroata y el río Catuche, el Anauco y el Guaire, los cuatro ríos de El Paraíso que señala la tradición.
Después de un cuarto de siglo de resistencia india, tratando de incursionar en el valle del Guaraira Repano, ubicado entre La Guaira y El Guaire, valle sagrado de los Kariña (los hombres), célebres por el grito Ana Kariná Roté, amucon papóroto itoto nantó, valle sagrado para ellos no solo porque abundaba la pira, sino porque se concentraba la fuerza vital de Natura, en su máximo poder, un sitio de poder, como diría Carlos Castaneda. Suena lógico: el asedio de Guaicaipuro no dio tiempo a protocolos para la fundación de la ciudad, y por tal razón nunca encontraron el Acta de Fundación de la Ciudad. El mestizo Francisco de Fajardo había logrado penetrar porque su lengua materna era la misma que hablaba su tío abuelo Naiguatá y su abuelo Charaima. La forma como llegó con sus primos meztizos está reservada para otra reseña. Hago la referencia histórica para que tengan una idea y un testimonio de la manera como nos estamos comiendo El Planeta. Que no es cuestión de campañitas contra el Gobierno, es una tradición de cinco siglos, incrementado la violencia contra la vida en nombre del dios pagano del siglo XX, el desarrollo, antes el progreso, hoy la globalización. Siempre valió más un barril de petróleo que un árbol, que produce oxígeno y vida por siglos.
En abril de 1963 llegamos los Reverón García al Terepaima, conjunto residencial diseñado por un arquitecto de apellido Toro, discípulo de Carlos Raúl Villanueva ubicado en el primer arco de la avenida Manuel Felipe Tovar. Había entonces en la avenida un silencio interrumpido por el canto de las chicharras que tenían su hábitat en un túnel vegetal conformado por una hilera de samanes que comenzaba con el más joven de ellos que se encontraba, llegando a la redoma, donde ahora vive la Ceiba, y por donde discurrían algunos automóviles; no existía sino en los planos de Pérez Jiménez, la avenida Boyacá.
Según me contaba el profesor Izquierdo cuando solía encontrarlo en la ruta de la Loma del Viento, hacia el cerro de Papelón. En el archivo de la iglesia de San José, él había encontrado un documento donde constaba que el conde de Tovar había pagado al alarife de aquella iglesia para que sembrara los samanes, a fin de marcar el lindero de su condado con el de las propiedades del Marqués del Toro, a mediados del siglo XVIII. La edad que tuvieran los samanes no viene al caso, lo relevante es la inconciencia de los alcaldes que ya existían cuando los derribaron. También es verdad que se fueron cayendo sobre los carros en tiempos de lluvia, por negligencia, por no atenderlos. Pero aún seguimos creyendo que El Planeta es eterno.
Cuando mi tío abuelo, Pablo Delgado nos visitó la primera vez al Terepaima, buscaba inútilmente entre retazos del paisaje que reconocía su recuerdo: una tarde de 1808, cuando un amiguito que venía con él en una excursión a la hacienda de San Bernardino, murió ahogado en un pozo que después supe que estaba detrás del edificio Farol.
Vale la pena recordar que la rivera del río Gamboa donde sembró el alarife los samanes, se extendía por detrás del taller de los frenos en un pequeño cañón que se apreciaba entre la colina sobre la cual posa la quinta La Palma y la colina más grande donde posa el hotel Ávila, espacio que hoy ocupan, la avenida y dos hileras de edificios desde cuyas ventanas casi se tocaban las ramas de los árboles. Quiero hacer notar que según la referencia documental, la avenida Manuel Felipe Tovar está ubicada sobre el cause original del río Gamboa, afluente del Anauco y que está ubicado a una cuadra subiendo por la avenida Anauco, frente al Instituto diagnóstico y la Clínica Santa Ana. Por eso cuando llueve, la geografía recuerda sus caminos de agua, y la avenida inunda hasta las aceras.
Un poco más al sur, donde convergen la avenida Anauco con la Paraíso y la Vargas, se ubicó Manuel Cabré para pintar su cuadro titulado Gamboa Arriba. Próximo al encuentro o convergencia, o desembocadura del Gamboa sobre el Anauco que hoy pasa por debajo de la avenida Cecilio Acosta. Así se aprecia en la historia el deterioro de la Tierra. Celebrar la vida de un árbol, es tan importante como evitar su tala. Es allí donde está el sentido de la celebración de los vecinos. Es el saber popular que afirma que cada árbol menos son tantos centímetros cúbicos que baja el nivel de la represa del Guri.

jueves, 31 de enero de 2013

Enlaces con publicaciones de Eloy Reverón




Influjos masónicos en la instauración del matrimonio civil en Venezuela, Caracas, Academia Nacional de la Historia VI Congreso Internacional de Historiadores, 1988, 28 p. Publicado en Boletínde la ANH,  Tomo LXXXII , Abril-junio de 1999, N° 326.

Masonería en Venezuela Siglo XIX, (Tesis de Licenciatura en Historia) Caracas, Universidad Central de Venezuela, 1992, 144 p



Masonería Desnuda, Caracas, IVEM, 1994, 133 p.







“Francisco González Guinán, Historiador Masón de Venezuela, Aspectos Biográficos y Cronológicos”, en: Boletín Extraordinario Homenaje al XVI Aniversario de la Logia Sol de Caracas, Caracas, Ed. Sergio Paúl Vega, 1994 s/np.


“ Barquisimeto y los Derechos Civiles en 1864” en: Diario de Tribunales, Barquisimeto, 26 de julio, 1994, p. 2


La Masonería del Gran Mariscal” en: Diario de Tribunales, Barquisimeto, 13 de noviembre, 1994, pp. 2 y última.


“Escarceos Masónicos” en: El Investigador Venezolano, (Revista de Ciencias Sociales) N 13, Edición Especial Bicentenario del Nacimiento de Antonio José de Sucre, Ed. Biblioteca Nacional de Venezuela, febrero, 1995, pp. 38 – 40.


“ Doctrina Social de la Masonería” en: Diario de Tribunales, Barquisimeto, 20 de marzo, 1995, pp. 4 – 5.


“ Masonería Mítica de Don Francisco de Miranda” en: Diario de Tribunales, Barquisimeto, 12 de mayo, 1995, pp. 2 y 6.


Crisis de la Masonería Venezolana en el Siglo XX, Caracas, Cátedra de Historia de Venezuela Contemporánea, Caracas, Instituto de Altos Estudios Diplomáticos “Pedro Gual” Ministerio de Relaciones Exteriores de Venezuela, junio 1995. 15 + 23 pp


“La Masonería en Venezuela” (Reseña Bibliográfica de la obra de Edgar Perramón Q.)en: Diario de Tribunales, Barquisimeto, 10 de julio, 1995, p. 2 .

“Lexicón del Maestro Masón” ( Reseña Bibliográfica de la obra de Miguel Santana Mujica) en: Diario de Tribunales, Barquisimeto, 2 de junio, 1995, p. 2

“Carabobo, donde murió la Venezuela Española y Nació la Fraternidad Hispano Venezolana” en: Diario de Tribunales, Barquisimeto, 17 de julio, 1995, p. 2


“Los Masones escriben su historia” en: Diario de Tribunales, Barquisimeto, 26 de julio, 1995, p. 2

“Mito y Realidad en la Historiografía Masónica” en: Bolivarium Anuario de Estudios Bolivarianos N IV, Sartenejas, Universidad Simón Bolívar, 1995, pp 261 - 335


“Masonería en Venezuela” en: Historia Para Todos N 17, Caracas, Consejo Nacional de la Cultura – Profesores UCV, 1996

“División en la Masonería” en: La Razón, Caracas, 30 de junio de 1996, p. A - 6.


“Miranda: héroe de tres revoluciones” (Mito de Miranda Masón”) en: La Razón, Caracas, 14 de julio de 1996, p. 9.


“ General José Antonio Páez. Del Caballo a la Logia Masónica.” en :El Universal, Caracas, 1 de agosto de 1996 p. 1 – 5.


“General Johan Von Uslar Gleichen: (Un militar de dos mundos)” .” en :El Universal, Caracas, 13 de agosto de 1996 p. 1 – 5.


“Más Allá de la Iniciación Simbólica” en: Cábala,Caracas, Octubre, 1996, pp. 53 –55.


“Andrés Eloy Blanco, masón insigne” en: La Razón, Caracas, 13 de octubre de 1996, p. A - 2.


“Los astros y la historia diplomática” .” en :El Universal, Caracas, 19 de noviembre de 1996 p. 1 – 5.


“La Mujer y la Masonería” en: Cábala, Caracas, julio, 1997, p. 53.


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“La Crisis de la Masonería venezolana del siglo XX” (Del templo de la Razón al Templo de Cirene (II) en: El Diario de Caracas, Caracas, 8 de septiembre” de 1998, p. 8.


“ A Golpe de Media Noche (Conspiración ¿masónica?) a ciento setenta años de un golpe” en: El Diario de Caracas, Caracas, 22 de septiembre de 1998, p. 8.


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"Del encuentro de dos mundos al encuentro con el otro mundo" : El Universal, Caracas, 12 de octubre de 2000,


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La Masonería y la Independencia de Venezuela, México, UNAM, III Simposim de Masonería... 2010


¿Porqué mataron a Jesús? (Reseña del texto de Ignacio Ellacuría), Spcrip.com, 4 de mayo de 2012