martes, 21 de abril de 2026

¿Por qué mataron al Nazareno? Eloy Reverón

 La pasión y muerte de Jesús es el eje central de los relatos evangélicos. Según el Catecismo Jesús murió para salvarnos de nuestros pecados. El evangelio muestra que fue ajusticiado a causa de su lucha por el ser humano y asoma motivos políticos. Su muerte tiene un significado histórico, un sentido trascendental y un significado teológico.

 El padre Ellacuría realizó un análisis de los relatos de la pasión de Cristo desde la hermenéutica histórica para encontrar una coincidencia sinóptica en los cuatro evangelistas en cuyo relato halló una creciente oposición entre Jesús y sus enemigos.

 Sumos sacerdotes, escribas, fariseos y los ancianos acusaron intenciones de matarlo, pero temían a la reacción de la gente más pobre que lo seguía, lo que evoca una confrontación, más allá delo personal y lo religioso, hasta llegar al plano político y socio económico.

 Jesús no opuso resistencia a Judas ni a las autoridades, civiles, políticas, y religiosas a la hora de su captura para conducirlo a padecer ante el poder de Poncio Pilatos. Los evangelistas no coinciden en los motivos de la acusación, pero dejan ver la preocupación del sumo sacerdote ante la doctrina de Jesús y la cantidad creciente de seguidores que atraía, generando un movimiento social que liberaba los temores que habían servido para controlar a los pobres quienes ante la presencia del Nazareno, se escapaban del control oficial.

 El Sanedrín lo acusó de querer destruir el templo mediante la prédica de un nuevo orden religioso que insinuaba el delito de blasfemia pública capaz de resquebrajar los pilares del judaísmo porque los nuevos creyentes trascienden los hitos del pueblo hebreo como pueblo elegido por Dios, al extender ese privilegio a todas las razas del mundo católico: universal.

El exégeta destaca el cambio de la acusación cuando la víctima fue conducida ante las autoridades políticas de Roma (Lucas, 23, 2). Resalta su condición de agitador de masas que se hacía pasar por rey de los judíos incitando a la evasión de impuestos a Roma, pero a Pilatos y a Herodes les pareció inofensivo el personaje (Juan 19, 7 y 12).

Los rabinos subrayaron que la Ley Judía contemplaba la pena de muerte por el delito de hacerse pasar por el Hijo de Dios, redentor o mecías esperado, chantajeando a Pilatos al acusarlo de enemigo del César si perdonaba a un enemigo político de Roma. Los religiosos se encargaron de que fuera ejecutado por delito político, para merecer la pena capital por parte de Roma. Esto hace pensar que Jesús se proyectó como una amenaza a sus poderes socio-religiosos.

No hubiera prosperado una acusación alusiva a otro tipo de delito. Caifás, jefe de los sacerdotes les alentó a entregarlo para evitar que los romanos

pudieran tomar represalias contra todos los judíos, en caso de generarse una rebelión popular tras el liderazgo incontrolable de un personaje tan singular (Juan, 11, 47-50). De allí la interpretación de que fue sacrificado para expiar las culpas de su pueblo. Desde el punto de vista teológico de San Juan, Jesús murió para salvarnos de todos los pecados durante toda la eternidad.

La muerte violenta fue consecuencia de su vida de redentor y la conciencia

Histórica de Jesús ante su realidad otorgó significado teológico a su muerte. Deja claro que Jesús fue muerto porque constituía una amenaza para el orden establecido. Un Jesús histórico cuya prédica era de este mundo injusto, se opuso al Imperio de turno con su fe y el conocimiento de Dios establecido en la opción por los pobres y los excluidos.

Por motivos semejantes crucificaron con balas al padre Ellacuría y a sus tres colegas, otro tiempo, otro imperio, y por  los mismos pobres como a Jesús.